marcando el territorio
por krista el 01-10-2010

Mientras salíamos de la discoteca, se paró a saludar a unos antiguos amigos. Yo me solté de su mano y fui directa a la chica del guardarropa, para que me dejara mi abrigo. La chica no aparecía así que permanecí allí hasta que un chico de muy buen ver, se acercó a mi lado y me preguntó si llevaba mucho esperando.
- No, sólo unos minutos
- Vaya, parece ser que cuanta más prisa tiene uno por irse, más impedimentos le ponen.
Yo me limité a sonreír con educación, pero este gesto fue bastante para provocar los celos de mi acompañante. En seguida, se acercó por mi espalda y se limitó a tocarme el culo descaradamente y a hacerme susurros por el cuello dejando claro que estaba marcando su territorio de macho.
Su cadera se acercó a mi trasero y pude notar que nuevamente tenía una erección de caballo. Sabía que le excitaba la situación de tener el dominio, de que hubiera otro macho intentando accederme y que era él quien tenía el coto de caza. Bastante claro que me lo había dejado antes de salir.
Porqué? Les explico:
Media hora antes de salir de casa camino a la discoteca, me encontraba totalmente arreglada, a falta de enfundarme en mis tacones. Como toda mujer, me aseguré ante el espejo de estar bien puesta, y me miré varias veces cómo me quedaba ese vestido, que se ajustaba perfectamente a mis curvas. Él me miró desde el sillón y me dijo que si tenía pensado ir así de explosiva.
- Yo me encuentro fantástica, no crees?
Le fastidiaba bastante que le saliera con este tipo de contestaciones de chula engreída, pero es lo que había. Yo sabía que la seguridad en mí misma es lo que hacía que este hombre estuviera a mi lado.
- Fantástica? – me responde – Yo creo que estás algo más que fantástica. ¿tu qué quieres que se te estén acercando todos esos moscones en la discoteca, a ligarte delante de mis narices y tenerme toda la noche como un puto perro faldero a tus pies?
- En absoluto. Usted es libre de dejarme ligar con quien quiera, si lo que no le apetece es cuidar de mi.
Esto le debió calentar como nunca porque se levantó del sillón, se puso frente a mí con cara de furia, de hombre con ganas, y pegó su frente a la mía, amenazante, como si se quisiera pelear en la calle.
- Que te deje ligar con quien quiera dices??
En ese instante, haciendo fuerza con su frente, me hizo retroceder hasta la pared, me empotró contra ella y estampó todo el peso de su cuerpo contra mí. Empezó a besarme de una forma bruta, a morderme el cuello a la vez que sus manos buscaban mis nalgas para abrirme las piernas en esa misma posición.
Yo llevaba unas medias que se ajustan al muslo y aún le calentó más encontrarse mi culo de una forma tan accesible debajo de la minifalda. A pesar de eso, hizo tanta fuerza para separarme las nalgas que me hizo abrir las piernas hasta abrazarlo con ellas. Me quedé totalmente colgando entre la pared y la fuerza de su polla contra mí
- Encima sales con estas pintas como las zorritas que andan sueltas, con medias y el tanga – me dijo
El muy cabrón empezó a simular embestidas contra mi coño, con su mano me separó el hilo del tanga, pero él tenía el vaquero puesto y me estaba haciendo daño. Le dije que los botones del vaquero me hacían daño.
- Así que tienes dos opciones – le dije – o apretas más flojo, o te bajas esos pantalones y me haces algo con fundamento de una vez.
- Serás zorra… bájamelos tu si no quieres que te reviente el coño con ellos puestos
Así que por mi bien, obedecí y le quité el cinturón, y le bajé los pantalones. Yo con esas palabras ya estaba realmente excitada, quise en ese momento agacharme y pasarle la lengua por esa pedazo de polla hinchada, desde que le vi las venas reventonas alrededor de la punta de la polla, pero no me dejó. Se limitó a cogerme del pelo obligándome a mirarle fijamente a los ojos, vi su deseo de hacer una ruindad.
El muy cabrón me volvió a levantar las piernas hasta que lo rodeé, y sin más, me penetró su larga y gorda polla de una sola embestida, asegurándose de hacerme gritar como si fuera una virgen. Detrás de la primera embestida, vino la segunda, y la tercera y yo con cada una de ellas limité mis gritos de dolor a gritos de auténtico deseo, a auténtico placer. No me dejaba bajar las piernas hasta el suelo para controlar la fuerza con la que me lo hacía y no poder tener el control de la situación me excitaba aún más. Con una de sus manos me sacó una teta que ya estaba a punto de alongarse por el extenso escote del vestido y con el tamaño de estas tetas, no le costó mucho llegar hasta el pezón. Se ensañó con mi teta izquierda, la más grande y me succionó y mordió el pezón hasta hacerme retozar de placer y quedarse él casi asfixiado.
- Eres una puta guarra, esto es lo que estabas esperando que te hicieran esta noche eh? Era algo así? Creías que te iba a dejar salir de casa con este cuerpazo y con ese calentón de puta que tienes encima? Ni hablar… Córrete… córrete hija de puta que tu de casa sales bien follada.
Joder, en mi vida diaria soy bastante correcta, pero que me hablara de esa forma me ponía todavía más caliente, por alguna extraña razón, me excita muchísimo saber que alguien me considera lo suficientemente sexy como para llegar a ser una puta a su disposición. Siguió embistiéndome de una forma descomunal, yo seguía gritando mientras le clavaba las uñas en la espalda, y él seguía diciéndome: CORRETE PUTA… CORRETE YA PEDAZO DE ZORRA MAL FOLLADA… no había acabado la frase y yo ya me estaba corriendo como una reina. Ahora sólo ansiaba sentir su corrida dentro de mí. Cuando él se corre, saca bastante leche, la suficiente para que se pueda salir de mi coño y escurrir por mis muslos. Pero no lo hizo así.
Se limitó a sacar ese pollón, con los huevos gordísimos de tanta leche y descargarse a lo largo de todo mi clítoris.
- Ahora quiero que te lo estregues. No quiero que te limpies.
- Que??
- Hazlo.
- Pero…
- QUE LO HAGAS, JODER.
Y ahí me estregué toda esa leche que ya estaba escurriéndome, por mi coño, el clítoris, hasta que se colara por mi escasísimo vello púbico.
- Por tu culo también
- Pero si es que no me veo
- A ver… date la vuelta… – me volteó y se encargó de esparcir bien su leche por todo mi culo. Con sus dedos incluso m eintrodujo algo de semen, tanto dentro del culo como de mi coño.
- Y ahora no quiero que te laves. Vas a ir como una perra a la fiesta, dando olor al macho que te acaba de follar, para que si alguien se te acerque, sepa que ya tu tienes dueño. Eso me evitará tener que estarte vigilando toda la noche.
Yo quedé exhausta… me temblaban las rodillas.
- Termínate de arreglar, que llegamos tarde.
Volví a entrar en el baño con la intención de arreglarme, ajustarme el vestido, peinarme de nuevo y por supuesto, volver a maquillarme. Salí sólo 5 minutos más tarde, y cuando me volvió a ver no le pareció correcto mi color rojo de labios.
-Ese color no es un poco de zorra barata?
- puede ser. De todas formas, a ti no es que te esté saliendo muy caro echarme un polvo no?
- te gustaría? Te gustaría que te pagara?
- no hombre. Por hoy, sólo me basta con que me pagues la cena. Porque comeremos antes de salir a bailar no?
- tu sí que vas a comer
-y tu no?
- no… yo lo que más me voy a comer es ese culo, pero cuando lleguemos de casa. Joder, pero es que con ese color de labios te debería de dar la cena antes de salir
- de qué hablas??
- chúpamela.
-que? Ahora? Pero no decias que llegábamos tarde.
- si, pero tu tienes hambre. Asi que te voy a dar la cena. Agáchate puta.
Me agarró de nuevo de los pelos, y me hizo bastante daño. Le grité, en contra de volver a tener sexo, pero es bastante bruto y tiene más fuerza que yo. Con una sola mano en mis pelos, me obligó a sentarme en el suelo y de nuevo, en l amisma pared, me apoyó la cabeza contra ella. Con la otra mano, se volvió a bajar los pantalones. Ahí volvía a estar esa polla delante de mí totalmente erecta. No me dejó tiempo ni de lamerla, ni de calentarla aún más de lo que ya estaba. Directamente, entró hasta el fondo de mi garganta y permaneció allí los segundos suficientes hasta hacerme asfixiar.
- Chupa zorra. Cómetela como tu sabes, como si se te fuera la vida en ello.
Empecé ahora a lamerla con todas mis ganas, pero me era bastante difícil porque él no paraba de metérmela hasta el fondo, como si mi boca fuera un coño. Era su segunda corrida en menos de 10 minutos, así que le costaría mucho más volver a sacar esa leche. No tiene piedad conmigo. De nuevo, me cogió por los pelos y él mismo dirigió mi mamada, me obligaba a abrir la boca y él directamente, penetrarme sin contemplación alguna, llegara hasta donde llegara.
Con mis manos le acariciaba esos huevos, que parecían de un toro para excitarlo y que acabara pronto, pero él seguía y seguía… y yo cada vez me sentía más y más excitada… hasta el punto, sin saber porqué, de que cuando me dio permiso para respirar, sentí la necesidad de que aún estuviera dentro de mi boca, así que le escupí directamente al glande.
- Hija de puta… por más caña que te doy tu vas y me das más motivos para seguirte follando, es que lo de puta se te queda corto. NO tenías con tener mi leche en el coño que encima también quieres que te llene la cara de lefa. Jodida perra
Dios sígueme follando la boca por dios. Tu olor a macho me tenía de nuevo excitadísima.
- Córreme la cara, por favor.
- Por favor? Tu pidiéndome algo por favor?
- Si… de veras… es una necesidad ya, lo necesito, quiero sentir esa leche caliente… anda porfa, córreme toda la cara… y déjame comerme algo… si quieres, me puedes correr hasta las tetas que tampoco me las lavaré, iré dando olor a tus corridas toda la noche.
Y así fue. Unas descomunales penetraciones orales, una tras otra, con sus respectivos gritos de placer, conseguí que se me corriera en toda la cara.
- Come putita, come… cómete tu lechita antes de salir, que no quiero que estés buscando cena esta noche.
Y hasta aquí es lo ocurrido en la discoteca.
Para qué contar, que una vez llegados al coche tuvimos una fuerte discusión a cuenta del amable caballero del guardarropa. Según mi acompañante, me había mirado el culo sin que yo me diera cuenta. Así que ahí lo tenía a él para dejarme claro quién es el macho que se folla mi culo.
Y créanme, que me lo reventó.
En una misma noche alcancé leche por todas partes y el muy cabrón, no me dejó lavarme hasta el día siguiente por la noche.
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