infiel, puta y adicta al sexo
por krista el 16-07-2010

Tan solo al llegar y abrir la puerta, me llegó olor a puta. Y esa puta no podía ser otra que Maritza, mi mujer que otra vez me había puesto los cuernos. Su olor lo conocía demasiado bien, de hembra en celo insaciable todo el tiempo, lo tenía grabado en la piel desde el primer día que fue mía en nuestra noche de bodas. A su olor, se le unía otro más que no sabría reconocer, mezclado con sudor masculino que pertenecía sin duda al tipo con quien seguramente se había revolcado. Acababa de llegar, otras veces tenía la decencia de bañarse y quitarse los restos de la cogida que le habían puesto, pero ahora se veía realmente fatigada y sin fuerzas. La encontré tirada en la cama con una cara mas que de placer, de dolor. Me había acostumbrado a sus infidelidades y hasta había conseguido dominar mis celos, pero aún así en cada vez, la herida se hacía mas profunda. Me senté junto a ella en el borde de la cama y la contemplé mucho rato. Era preciosa, la mujer mas bella del mundo que durante nuestros primeros años de casados me amó y me fue fiel, al menos eso quiero creer.
* ¿Por qué me quieres tanto? – me preguntó de pronto mirándome a los ojos.
No pude contestarle en esos momentos. Mientras me quitaba la corbata, comencé a recordar nuestros inicios de pareja. Yo era un tipo bastante normal y común, moreno y de estatura mediana, con una carrera eso si, brillante y llena de triunfos pero que jamás en la vida consideré terminar con la mujer mas bella y codiciada de nuestra generación. Era una chiquilla de tez morena y grandes senos. Su cuerpo era en verdad espectacular por su diminuta cintura y de cadera ancha. Era simplemente, un sueño de mujer que cuando me dio el sí, no podía creer que tuviera tanta suerte, la vida por primera vez me daba todo a manos llenas: dinero, éxito en los negocios, salud y lo que más me importaba en esos momentos, su amor. Me concedió el honor de ser su primer amante, cosa que guardo como el tesoro mas preciado y con mas razón, me sentía dueño de ella.
La trataba como lo que era: una reina. No la dejé trabajar, quería que se dedicara a complacerme y atenderme solamente a mi. Su única obligación era embellecerse porque a mi me fascinaba verla con faldas muy cortas y escotes atrevidos donde parecía que sus grandes pechos iban a salirse. Gustoso le compraba todo lo que me pedía: ropa, zapatos, joyas, pieles, dinero, cualquier antojo o capricho. Todas mis atenciones me las pagaba en la cama. Era una verdadera zorra a la hora de complacerme, no había una sola posición que no hubiésemos practicado ya, ni un hoyo de ella que no me hubiera cogido. Sabía como complacerme, me chupaba la verga con ansias, como si en ello le fuera vida hasta hacerme terminar. Podía darme el lujo de echárselos en cualquier parte de su delicioso cuerpo, en sus tetas, en su ombligo, en el culo, en la cara, donde me apeteciera mas, porque con ella, no existían tabúes y de mujer recatada tenía lo mismo que yo de astronauta: absolutamente, nada.
No sé en qué momento la rutina nos alcanzó y tener éxito en los negocios no era nada fácil de llevar ya que me absorbía la mayor parte de mi tiempo. Era una mujer fogosa, le gustaba experimentar cosas nuevas y fue así como empezó a comprarse juguetes sexuales como consoladores y vibradores. Me excitaba verla darse placer así misma, y ella, sin una gota de vergüenza lo hacía siempre mirándome a los ojos, sin vergüenza y con mucha lujuria.
Con sus nuevas "adquisiciones" y la verga que le daba todos los días, pensé que la tenía mas que satisfecha, -¡cuán equivocado estaba!-.
Empecé a llegar muy tarde a casa, y una noche la encontré, vestida para salir. Traía un vestido rojo espectacular donde mostraba la generosidad de sus grandes pechos, sus piernas bronceadas y sobre todo, el culo entallado que con tantas ganas me cogía cada noche.
* ¿Me he olvidado de alguna invitación? – le pregunté tomándola de la cintura
* No, me voy de fiesta con unas amigas. A la casa de la Toña, ya sabes cumple años hoy
* ¿Y me vas a dejar aquí solito?
* Prefiero ir sola ésta vez, si no te importa.
La dejé ir, no sin antes obligarla a que me chupara la verga. No tarde ni diez minutos en eyacular, ella sabía como hacerme terminar rápido, y justo cuando estaba a punto de terminar, se puso mi verga entre sus tetas y ahí mismo se las llené de leche. Se fue a limpiarse al baño y tras darme un beso apasionado, se marchó.
Traté de dormir, pero no pude. Era inconcebible que la extrañara tanto si solo había pasado una hora de que se había ido. Amaba con locura esa mujer, estaba enardecido y obsesionado con su cuerpo. A diferencia de mis colegas que se quejaban de que sus mujeres con frecuencia ponían de pretexto tener jaquecas, para no tener sexo, Maritza siempre estaba dispuesta y de buen humor. Ni qué decir de los días en los que ella tomaba la iniciativa, se comportaba como una verdadera lujuriosa y a mi me encantaba.
Pensé en darle una sorpresa al ir por ella a la casa de la Toña. Me cambié lo más rápido que pude y en menos de media hora estaba tocando el timbre de su casa. La Toña me miró sorprendidísima y me sonrió muy forzadamente.
* Carlos, ¿y tu que haces aquí?
* ¿Está Maritza aquí?
* Sí aquí está –me contestó respirando profundamente- Carlos, no quiero escándalos en mi casa, te lo advierto, quizás no te guste lo que veas. Te pido que tengas calma y discreción.
Me dejó pasar, no había mas que un par de chicas más en la sala y no veía a Maritza por ningún lado. Antonia se sobaba el cuello tratando de encontrar las palabras adecuadas para explicarme lo que estaba pasando. Algo dentro de mí me hizo temer lo peor y no me equivocaba. En frente de mi estaba una de las habitaciones con la puerta entreabierta. Pude ver a Maritza mamarle la verga a un tipo mas alto y grande que yo y que tenía la verga mas grande que yo. Sentí un hormigueo por todo el cuerpo y mucha furia. La Toña me tomó del mentón y me giró hacia ella.
* Te pedí que tuvieras calma, cabrón.
* ¿ Y tu que carajo eres? La madrota de estas putas?
* Hey pendejo, mejor no me insultes que nada de mi te consta. La única puta que hay aquí es tu mujer y si es una puta caliente es por tu culpa, que no le sabes apagar ese fuego.
Tenía razón. Si Maritza andaba buscando verga en otro lado, era porque no la tenía completamente satisfecha. ¿Pero qué pendejadas estaba diciendo? A casi diario me la cogía, ¿cómo podía estar insatisfecha? No, era una puta y ahora mismo la iba a enfrentar. Toña se interpuso y mirándome fijamente a los ojos me dijo.
* Tu ahora no entras. – me dijo- Si quieres puedes ver, pero no puedes intervenir, cornudo. La dejes o no terminar de coger, ella ya no te es fiel de todos modos. Lo que si puedes hacer es mirar, para qué veas que es lo que le hace falta, pendejo.
No sé de que forma me envolvió la Toña con sus argumentos que de la furia, pasé a la depresión. Con el tiempo comprendí, que la Toña, que tanto frecuentaba a mi mujer en mi ausencia, a parte de ser su amiga, era amante de ella también. A pesar de todo, sentí curiosidad por saber lo que estaba pasando dentro de ese cuarto y me fui a asomar, procurando no hacer ruidos para no ser descubierto.
Maritza seguía mamándole la verga al tipo. Pude ver como le daba trabajo chupársela, atragantándose cada vez que intentaba metérsela toda a la boca. el tipo la tenía hincada en el suelo con sus enormes tetas fuera ya del vestido y sus pezones erguidos que de vez en cuando le pellizcaba haciéndola gemir. Poco a poco fui notando que estaba teniendo una erección yo también tan solo de verla como chupaba esa verga, era muy excitante ver como sus labios recorrían con maestría el largo y grueso tronco del pene, su lengua recorría ansiosa el glande y sus manos hacían lo suyo halando de arriba hacia abajo el resto de la verga que no le cabía en la boca. No podía creer lo que estaba viendo, de modo que mi mujer así se veía, como toda una diosa cuando yo me la cogía también, de alguna forma, me sentí orgulloso de tenerla como esposa.
El tipo la tomó del pelo y halándola hacia su verga comenzó a penetrarla en la boca con mas fuerza a lo que Maritza solo podía seguir chupando y chupando cada vez mas rápido también luchando por no ahogarse. El tipo tenía una verga de envidiable tamaño y grosor. Con cada metida de verga en su boca, sus pechos comenzaron a balancearse también y su misma saliva iba cayendo hacia sus enormes pechos. Lo único que no me estaba gustando es que el tipo estaba pasándose de salvaje con ella, yo nunca la había obligado ni forzado a hacer nada de esa forma pero pronto, me di cuenta de que a la dueña de mi vida, le encantaba.
La levantó del suelo halándola del pelo. Tomó su carita y la besó apasionadamente mientras sus manos la manoseaban por todo el cuerpo en especial en sus pechos. Se notaba que le fascinaban porque no dejaba de tocarlos y sobarlos y de vez en cuando pellizcar sus pezones. Le desgarró el vestido mientras ella aceptaba cada una de sus acciones sin protestar. Por primera vez en mi vida, la veía un poco intimidada y nerviosa. Aún así, seguía sumisamente cada indicación que le daba el tipo. La tiró en la cama y también desgarró de un solo tirón la única prenda que cubría ya su cuerpo: su tanga. Ella lo miraba sonriendo pícaramente, encendida de las mejillas esperando el ataque de ese idiota que tanto odiaba ya por hacerla sentir cosas que conmigo no sentía. Puso su verga en la entrada de la vagina de mi mujer y empujó sin consideración. Ella lanzó un grito de dolor y trato de liberarse del tipo, a lo que el la inmovilizó con más embestidas. No estaba cogiéndosela como yo lo hacía, la estaba sometiendo con esa enorme verga y la estaba haciendo lloriquear. Gemía como una niña, conmigo nunca gimió así, ni siquiera la primera vez, realmente estaba sufriendo con esa enorme verga dentro. Estaba increíblemente excitado al ver como la dominaban y de ver que entre mas gemía mas verga le daban. El tipo mordisqueaba sus pechos que saltaban de un lado a otra por la fuerza de las embestidas mientras ella con sus largas uñas las encajaba en la espalda y nalgas de su agresor consiguiendo así, movimientos mas brutales que la hacían pagar por el mínimo daño que ella le causaba a el al rasguñarlo. Yo por mi parte, me sobaba la verga, la escena era muy excitante, para putas mi mujer nada mas, y cómo me gustaba. El tipo la cambió de posición toscamente, poniéndola a cuatro patas. Ella trató de negarse pero una vez mas la sometió halándola del pelo y comenzó a penetrarla. Volvió a gritar al sentir como toda la verga se perdió en su húmeda cuevita pero sus lloriqueos se transformaron ahora en jadeos y gemidos conforme alcanzaban los dos un ritmo cadencioso de mete y saca. A sus embestidas se le unieron varias nalgadas logrando que mi mujer sorprendida, ante el placer que le estaba ocasionando la agresión, le pidiese más y que no se detuviera. Juan –después por ella misma me enteré que así se llamaba- la azotó en las nalgas con sus manos hasta dejárselas completamente rojas. Sin dejar de penetrarla la agarró de las tetas y halándola hacia el comenzó a metérselo más frenéticamente. Mi verga simplemente no hubiera alcanzado a penetrarla en esa posición, la de Juan sí. Entraba y salía sin ninguna dificultad mientras ella, haciendo sus manos hacía atrás trataba de apartarlo un poco como no pudiendo soportar sus embestidas.
Después de cogérsela en cuatro, volvió a voltearla y la abrazó con las piernas abiertas y de una sola embestida se la clavó en la verga. Sobra decir que el grito que soltó mi mujer se escuchó en toda la casa y con él, me vacié inevitablemente. La escena era demasiado erótica y caliente para mi, el hijo de puta estaba paseándose con mi mujer ensartada en su verga por todo el cuarto. Ella parecía una muñeca, se dejaba hacer gimiendo como loca, aferrándose a su cuello y besándolo mientras la ensartaba una y otra vez. No sabía cuantos orgasmos había tenido ella hasta ahora, pero una cosa era cierta: lo estaba disfrutando demasiado.
Después, la hizo sentarse arriba de su verga. Pude ver que su coñito era demasiado pequeño para semejante verga, pero ella se la metió lanzando un quejido. Estaba totalmente expuesta, y comenzó con sus movimientos que yo conocía, hacía adelante y hacia atrás mientras el tipo le chupaba las tetas. Yo sabía en qué iba a terminar eso, en su orgasmo y no queriendo ver mas por el momento, me dirigí hacia la puerta donde la Toña me veía con cara de lástima.
* Toña, por el bien de Maritza y tuyo, que jamás sepa que estuve aquí.
* Ni te preocupes por eso, aquí no ha pasado nada.
* Adiós culera.
* Adiós cornudo.
*
-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
* Porque me gustan las putas. – le contesté sonriendo- Y mejor te vas metiendo a la ducha de una vez, porque ahora te toca complacerme a mi.
COMENTARIOS
Para poder escribir comentarios tienes que registrarte. Es rápido y gratis, además podrás contactar con otros usuarios y enviarles mensajes!. Pincha aquí para registrarte en 1 minuto.
 |
monybix | 31-01-2011 |
| Creo que un día de estos me voy a poner el vestido más provocativo que tengo, que es de laicra rojo con aberturas laterales, por lo que no puedo ponerme ropa interior, ya que se ve por los huecos del vestido, mientras que la parte de abajo, mi pareja dice que no sabe si es la parte de pollera corta o de cinturón ancho, lo que hace que cuando camino se entrevea parte de la nalga (Mi pareja me permite usarla únicamente cuando salgo con él)y se me marcan los pezones (tampoco se puede usar brasier). La tela se adhiere como una segunda piel, los hombres, me doy cuenta cuando lo uso en algun boliche, clavan sus ojos en mí, por lo que mi macho se vanagloria de "su mujer" Cuando bailamos en algún boliche, siempre siento varias manos que me rozan, o mejor dicho me tocan la cola, cosa que gozo en silencio, sin abrir comentarios para evitar polémicas- Y me mandaré sola a ver que "pesco" |
 |
JOSEPEREZ1 | 12-08-2010 |
| buen relato, el marido debe seguir apoyando a esa hembra y son felices los tres!!!!!!!!!!!!!! |
 |
sumiso | 28-07-2010 |
| hermoso y caliente relato |
Para poder escribir comentarios tienes que registrarte. Es rápido y gratis, además podrás contactar con otros usuarios y enviarles mensajes!. Pincha aquí para registrarte en 1 minuto.