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a mi mujer la folla el inquilino

por krista el 06-04-2010

Me llamo Rafael, tengo 52 años y mi esposa Mayra tiene 51. Llevamos casi 30 años de casados, tenemos hijos y nietos.

Nuestra vida sexual ha sido, y es, muy buena. En la intimidad nos permitimos todo. Yo soy el motor de las fantasías que luego en la intimidad he logrado realizar. Siempre cuidando que el placer sea mutuo y que mi esposa disfrute del sexo más que yo, verla llegar al orgasmo y que pierda la cabeza en sus momentos de sumo placer me provoca las más sublimes sensaciones.

Siempre me aproveché del momento en que ella esta llegando al punto máximo de éxtasis para hacer efectivas mis fantasías. Por contarles un caso, hace varios años atrás, me excitaba sobremanera pensar en meterle un consolador en la concha y ver que lo disfrutara como si se estuviera masturbándose. Pensar que ella estaba llegando al orgasmo, gozando plenamente con una pija de goma, que ella misma se metía y sacaba de la concha me ponía fuera de mí. Me puse manos a la obra, conseguí el material y con cierta habilidad que tengo para hacer trabajos manuales, fabriqué una pija de medidas regulares, rígida como para que le entre sin doblarse y lo suficientemente suave como para que no la lastime y le proporcione el mayor placer posible. Con ese juguete en mis manos llegué a casa y lo oculté en el dormitorio. Nunca la forcé a nada sino que siempre busco que tengamos relaciones cuando ella está plenamente dispuesta. Esa noche se daban las condiciones. Por algo, que supongo, propio de la mujer y hormonal, ella está mucho más dispuesta y bastanta cachonda cuando termina de menstruar. En los días posteriores a la menstruación me busca más asiduamente y yo trato de estar siempre listo en esos momentos.
Preparé el juguetito poniéndole lubricante y lo dejé cerca de mi mano, cuando en plena relación, ella estaba cerca del clímax yo le preguntaba si le gustaría meterse algo en la concha, por supuesto, ella estaba tan fuera de sí y tan caliente que aceptaba todo lo que le decía. Saqué ese consolador y se lo empecé a meter hasta que lo dejé en sus manos y ella misma se lo metía y sacaba mientras yo le chupaba las tetas. Desde ese entonces incorporamos el juguetito a nuestras relaciones y lo disfrutamos cada vez que lo utilizamos.

Esto lo cuento porque en el terreno de las fantasías tengo una que es la madre de todas mis fantasías; es la de ver que a mi mujer se la está cogiendo otro hombre y que ella esté gozando al máximo. Algunas veces, en el momento de sumo placer, cuando ella está por llegar al orgasmo me demoro adrede en meterle la pija y ella me la pide con desesperación a lo que yo le respondo que no, que no la voy a coger que si quiere le traigo a otro, a lo que ella me responde que sí frenéticamente. Yo le pregunto: ¿a quién querés que te traiga? Y ella, loca de placer me responde, traéme a cualquiera que tenga ganas de cogerme. Yo la sigo estimulando hasta que llega el orgasmo y libera todas sus ansias.
Las cosas no pasaban nunca de ahí. Solo una fantasía en el momento de tener relaciones, aunque en mi cabeza siempre daba vuelta la posibilidad de cumplirla en forma real.

Si se lo llegaba a proponer fríamente, lo más probable es que me tratara de loco. Por lo tanto tendrían que darse ciertas circunstancias para poder ver realizado mi sueño.

Cuando mi hijo menor se casó y dejó la casa, nosotros nos quedamos solos por lo que quedaron un par de habitaciones libres. Nos estaba costando un poco pagar el alquiler entonces decidimos rentar una de las habitaciones que tenía baño propio, aunque deberíamos compartir el resto de la casa.
Los tiempos no están como para meter extraños en la casa por lo que anunciamos el alquiler de la habitación entre nuestros allegados. Nos llegó la comunicación de una familia que habíamos conocido en unas vacaciones y con la cual manteníamos esporádicos contactos pero ahora nos hacían saber que un hijo de ellos de 22 años vendría a estudiar a nuestra ciudad y que el ofrecimiento de una habitación en nuestra casa sería perfecto para sus planes de estudio y trabajo.
A nosotros nos alegró que esta gente nos tome en cuenta porque sabíamos que eran muy honrados y nos quedábamos tranquilos al saber que no sería alguien tan extraño quien compartiría nuestra casa.
Así fue como hace unos 2 años llegó a casa Rolo, pelo negro, tez blanca de contextura regular, no muy musculoso, de muy buenos modales, de un aspecto casi inocente y un poco tímido. Se notaba rápidamente su forma de ser y como lo habían educado.
Apenas llegó le dimos un recibimiento casi familiar, le mostramos su habitación, que estaba a pocos metros de la nuestra y el resto de la casa para que se manejara con toda confianza. Desde los primeros días compartía con nosotros la mesa, por lo general a la hora de la cena, que era cuando el volvía de sus actividades y yo del trabajo, aunque no siempre coincidíamos con los horarios.

Cierta noche estábamos aún sentados a la mesa mirando TV; ya habíamos terminado de comer y me llamó la atención un gesto que hizo Rolo sin que él se diera cuenta. Mayra se había levantado de la mesa con algunos platos en la mano cuando sin querer se le cayó una cuchara ensuciando con restos de comida el piso de mosaicos. Como era su costumbre se puso a limpiar agachada en cuclillas, frotando con la mano un trapo en el piso. Mayra es muy recatada en su forma de vestir y al venir Rolo a casa se cuidaba un poco más pero estando de entrecasa tenía puesto un pantalón vaquero y una remera que al agacharse producía una doble vista de sus zonas femeninas.

Por un lado el pantalón se le abría un poco en la cintura y al estar agachada en esa posición de cuclillas, se le podía ver el final de la espalda y el comienzo de la raya del culo y por otro lado la remera, aunque tenía un pequeño escote, al inclinarse hacia delante dejaba ver sus tetas colgando, en esa pose se veían muy bellas y más grandes de lo que realmente eran. Observé que Rolo paseaba sus ojos de las tetas al culo de mi mujer y del culo a las tetas hasta que mi mujer se paro y se dirigió a la pileta de la cocina. Creo que Rolo se percató en ese momento que yo lo estaba observando, cambió la dirección de sus ojos y siguió mirando la TV.

En ese momento estalló como una bomba mi deseo de ver a Mayra cogida por otro. Esa misma noche tuvimos relaciones y en el momento de llegar al clímax refloté mi fantasía preguntándole si se dejaría coger por otro. Me dijo que sí -¿A quién querés que te traiga? –No se, traeme al que vos quieras. -¿Querés que te lo traiga a Rolo? Si si si traémelo y que me coja. Llegó al orgasmo, se empezó a calmar, me abrazó y así nos dormimos. Mi cabeza estaba que explotaba de deseos y lujuria.

A medida que pasaban los días le hacía el mismo jueguito a Mayra en la cama y por otro lado seguía observando que Rolo miraba el culo de mi mujer con bastante descaro. Si la miraba así delante de mí, que no haría cuando ha veces se quedaba solo en la casa.
Pasaron unos meses y una noche se presentó la oportunidad de estar a solas con Rolo. Mi mujer había ido a la peluquería y se había retrasado un poco. Se quería hacer un corte de pelo provocativo, la menstruación se le había pasado hacía un par de días y en esas condiciones se preparaba para tener una noche de mucha actividad conmigo en la cama.

Rolo, ¿Te gusta el culo de mi mujer? – ¡Rafael! ¿que me esta insinuando? – Que te ví varias veces mirándole el culo a mi mujer, pero no te asustes no te estoy recriminando nada. –Le pido mil perdones, pero no fue mi intención faltarle el respeto a su señora. – No te preocupes por eso, no hay nada que perdonar pero te quiero hacer otra pregunta,y contestame con toda franqueza ¿Te gustaría cogértela? –Rafael, le confieso algo, yo soy virgen y desde que estoy viviendo acá con ustedes me hago la paja todas las noches pensando en el culo de su mujer. – Bueno, yo te propongo que te la cojas por la concha. ¿Te gustaría? – No me lo diga que de solo pensarlo me quiero ir al baño a hacerme una paja. –Pará, no vayas y reservate para ésta noche que a lo mejor se cumplen dos fantasías a la vez. – ¿Pero ella se va a dejar coger por mí?

Si se lo planteamos directamente no, pero si seguís mis instrucciones seguro que sí. Ésta noche cuando entremos Mayra y yo a nuestro cuarto espera que apague la luz; nosotros comenzaremos a hacer el amor; vos tenés que esperar cerca de la puerta, sin hacer ruido, cuando escuches tu nombre entrá en nuestro dormitorio, completamente desnudo. Ese será el inicio de tu sueño.

Mayra regresó de la peluquería, sabía que me gustaba verla con un nuevo look. Preguntó por Rolo y le dije que ya se había retirado a su cuarto. Yo ya me había bañado y le dije que la esperaba en la cama, ella se fue a pegar una ducha. Cuando entró al dormitorio había una luz tenue, le gustaba que la esperara así.

Se acostó en la cama a mi lado, completamente desnuda, esa era la señal que me daba haciéndome saber que estaba muy, pero muy cachonda.
Nos pusimos de costado frente a frente y comencé a besarla, primero en la boca al mismo tiempo que pasaba las yemas de mis dedos a lo largo de su pierna derecha desde la rodilla hasta el glúteo. Ahí me detenía un momento y acariciaba su nalga suavemente, cada tanto pasaba la mano hacia delante, acercando mis dedos a su vagina pero sin llegar a tocársela. Sabía que esto le gustaba sobremanera porque notaba que se le ponía la piel de gallina en la parte trasera de sus muslos.

La empujé suavemente del hombro para recostarla boca arriba y empecé a besar suavemente sus pezones, le pasaba la lengua y se los mojaba con mi saliva. Aprisionaba uno de sus pezones ligeramente entre mis labio al tiempo que se lo succionaba y le pasaba duro la punta de la lengua por el pezón. Al mismo tiempo le daba con dos dedos suaves pellizcos en el otro pezón, cada tanto le pasaba la lengua y se lo mojaba con saliva y se lo sobaba nuevamente con las manos o ya con los nudillos aplicando un poco más de presión en las tetas, la seguía acariciando así pero ya le estaba aproximando mi mano derecha a su concha. Se la acariciaba por fuera o le separaba los labios de la vagina, abriéndole la concha sin meterle ningún dedo adentro. Cuando le mantenía la concha abierta de esa manera me empezaba a decir: aaaaah no me hagas así que me gusta mucho entonces recién en ese momento le empezaba a tocar suavemente el clítoris. Mientras con los dedos índice y anular le abría la concha, usaba mi dedo mayor para sobarle el clítoris, esto la encendía cada vez más ya que yo no paraba de tocarle la concha y de chuparle las tetas.

Estaba entrando en esa etapa de éxtasis que me pone loco de deseos, sin parar de hacerle todo esto empecé a hablarle:
-¿Te gusta? –Si si si.- ¿Tenés ganas? –Si si. -¿Qué querés que te haga? -Hacéme lo que vos quieras. – ¿tenés ganas de coger? –Si cogéme, cogéme. -No yo no te voy a coger ¿Querés que te coja otro? –Si cualquiera, lo que quiero es que me cojan – ¿A quién querés que te traiga? – No se traéme a cualquiera, traéme a Rolo.

A todo esto yo no paraba de chuparle las tetas y de masajearle el clítoris, tenía la concha totalmente mojada y estaba en ese momento que perdía totalmente la cabeza y se dejaba hacer cualquier cosa.

Alzando un poco la voz le repetí: ¿Querés que te coja Rolo? (esa era la señal que hizo entrar a Rolo subiendo directamente a la cama) Sí que me coja Rolo pero ahora, yá, qué me coja yaaaaaá.!

Me puse un poco más de costado, deje de chuparle las tetas un momento. Sin parar de tocarle el clítoris hice que se abriera bien de piernas. –Así, abrite bien que te van a coger. –¿Así está bien? –Si así, que date así. Rolo se arodilló delante de ella, apoyó una mano a un costado del cuerpo de Mayra y con la otra mano le pasaba la punta de la pija por la concha totalmente mojada y abierta. El semen le ayudaba a lubricar toda la zona y le refregaba la cabeza de la pija por el clítoris.
Yo me separé un poco y los dejé a ellos. -Ahh no me pases la pija así, que me da ganas de tenerla adentro. (cuando ella dice que no se lo hagas porque le da muchas ganas está pidiendo más y más pija). Rolo apuntó su pija derecho al agujero de la concha y se la empezó a meter, mientras se la estaba metiendo, Rolo se corrió por primera vez dentro de la concha de Mayra.

Cuando la tenía totalmente adentro apoyó las dos manos a ambos lados del cuerpo de Mayra y empezó a mover su pelvis yendo y viniendo, cabalgando alto sin sacar la pija de adentro de la concha de mi mujer.
La tenía totalmente adentro, no se veía ni un pedazo de pija afuera. El pubis de ambos estaban totalmente pegados, parecían soldados. Se movían frenéticamente hacia atrás y hacia delante sin parar.

Rolo apoyó los codos casi a los lados de la cabeza de mi mujer, la tomó con sus manos por debajo de la nuca y empezó a besarla desesperadamente. Ella respondió de la misma manera y sin dejar de mover sus cuerpos se besaban, se chupaban la cara, se metían la lengua unos en la boca del otro y se lamían con total frenesí.

A los pocos minutos Rolo se corrió por segunda vez y la pija se le mantenía dura como un tronco. Mi mujer estaba gozando como nunca y daba alaridos:

.-Así, así quiero que me cojan toda la noche!!!

Yo estaba extasiado, con la pija más dura que nunca, disfrutando del polvo que le estaban echando a mi mujer.
Mayra notó que Rolo estaba aflojando en sus empujones, ella misma lo tomó con sus manos por las nalgas y lo movía para atrás y para adelante haciendo que su pija siguiera bombeando dentro de su concha. –No pares, no pares!!! Le decía mientras Rolo se echaba su tercero sin sacarla. Yo no aguante más y me acerqué nuevamente a ellos tomé la cabeza de mi mujer con ambas manos, le metí la pija en la boca y en un polvo interminable le deje toda la leche, era tan grande su excitación que fue la primera vez que se la tragaba.

Ella se pasaba la lengua por los labios tuvo un orgasmo sublime y separó sus manos de las nalgas de Rolo que ya estaba empezando a perder su erección por lo que sacó finalmente la pija de su concha.
Yo me puse al costado de Mayra y Rolo se volvió para su cuarto sin decir una palabra. Nos quedamos dormidos así y a la mañana nos levantamos sin hacer comentarios.

Pasaron los días y cada vez que hacemos el amor, Rolo espera detrás de la puerta de nuestro dormitorio. Si escucha su nombre entra sin decir una palabra.
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Tags:    relatos eroticos   infidelidades   inquilinos   casadas   voyeur  


COMENTARIOS

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perrita69  |  15-04-2010
Q delicia...


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