desvirgacion con la chica del cibersexo
por krista el 24-03-2010

* ¡No, Miguel! ¿Por qué insistes? Sabes que tengo novio…
* Ana… si no hay nada de malo… Es excitante… nos vemos… me ves… te veo… nos masturbamos… Eso es todo…
Tenía que convencerla, la situación en sí daba morbo: Ella con novio, yo a más de mil kilómetros de Barcelona y sin habernos conocido nunca en persona. A ella también le gustaba, le gustaba sentirse deseada por otro chico que no fuese con el que se acostaba cada fin de semana.
Sexo, solo sexo. ¿O había algo más? En aquel momento no lo sabía… Dábamos pie a situaciones que jamás tendría con él. Yo conocía sus más profundos deseos y fantasías sexuales, sus miedos y preocupaciones más íntimas que ni su novio conocía. Me bastaba tan solo una contestación para saber perfectamente como tratarla, como convencerla, como cautivarla, como consolarla.
* Sabes que te excita que te muestres de esta forma tan sumisa, dando pie a tus fantasías más íntimas… Sabes que en el fondo eres así de guarra – le dije yo.
* … Sabes que sí... pero está mal…
* Seguramente ya te estés excitando sólo con el hecho de pensar como te gustaría que te comiese tu coñito mientras intentas hablar con tu novio por teléfono para decirle que hoy no podrás quedar… Que te ha surgido una emergencia…
* Miguel…
* ¿Sabes cual es esa emergencia, Ana? Sentirte sumisa, sentirte de otro, sentir como engañas a tu novio, como te excitas con otro… ¿verdad?
* …
* Vamos… no hace falta que pongas la webcam… Sólo tócate… acaríciate… piensa que algún día seré yo quien lo haga…
* Sí… Tengo una mano entre las braguitas… Dime más…
Ya la tenía… Nunca se hacía de rogar. En el fondo le gustaba… Y yo quería creer que algún día sería mía, que algún día sería yo quien, con mis manos, con mis roces, con mis caricias pudiese darle todo el placer que necesitaba… Cumplir todas y cada una de sus fantasías…
Los años pasaron…
La base de la relación seguía siendo, sin lugar a dudas, el sexo, si es que se le puede llamar sexo. Quitando mis cotidianas masturbaciones en solitario mientras escuchaba los gemidos de las novias de mis compañeros de piso, el único contacto que tenía con el sexo eran las sesiones de cibersexo que teníamos Ana y yo. Es triste, lo sé, pero era la cruda realidad.
Cuando, en su época, tocaba reunirse con el resto de chicos y chicas del instituto, se puede decir que siempre fui el chico introvertido y reservado al cual ninguna chica nunca se le acercaba. No digo que fuese un renegado de la sociedad, siempre he tenido amigos aunque he de reconocer que durante toda mi adolescencia (y post-adolescencia) nunca llegué a establecer ningún tipo de relación con ninguna chica a no ser que fuesen motivos puramente académicos.
Los años pasaban… Y ahí estaba yo, a mis 25 años, y lo más cercano al contacto con una chica que había tenido habían sido los siete años de messenger con Ana. Mirar nuestros cuerpos desnudos, disimulados, vulnerables… expuestos a desconocidos y excitándonos… Al menos por Internet había logrado cautivarla y enamorarla (o al menos, eso me dijo ella).
Ella tenía novio, yo era un mero objeto de diversión, de deseo, de placer... Con él quedaba los fines de semana, conmigo chateaba el resto de días… Follaba con su novio y me daba toques, hablaba con él por messenger y se masturbaba para mí por cam…
Morbo… Puro morbo…
Y durante mucho tiempo me dio igual, pero a medida que pasaban los años, fue uno de los motivos por los que sufrí. Sufrí por amor… ¿Amor? ¡No! Era simple y únicamente una relación sexual. Yo necesitaba saciar mis traumas sexuales y ella me correspondía… ¿Para qué iba a complicarme más? ¿Para qué…?
La distancia, la diferencia de edad y mis constantes condicionamientos con mi familia y con mis padres habían logrado que, siete años después, aún no nos hubiésemos conocido. Ella había dado el paso, y yo quería aprovecharlo para, de una vez por todas, superar una de las limitaciones que más tiempo me estaba costando superar: mi virginidad.
Simplemente quería dejar de ser virgen.
Durante todos esos años los sentimientos eran lo de menos. Los temas de conversación siempre desvirtuaban en masturbarse delante de la webcam y cualquier otra cosa de la que se hablase resultaba tedioso, y a menudo, agotador. En algunos momentos incluso dábamos pie a hacer realidad fantasías que nadie más sabía, solo ella, solo yo… Confidentes el uno del otro.
¡Y ahí estaba yo! Agitado, y no era para menos, hice la cama con suma rapidez y terminé de preparar la maleta. Aquel viernes era un día especial: La iba a conocer. Habían pasado siete años desde que la conocí a través de Internet. Sí, mi vida sentimental siempre había sido muy limitada o nula, tal vez fuese mi carácter introvertido, mi falta de personalidad o simplemente fuese que no era interesante para ninguna chica.
Me dirigí al aeropuerto donde debía recogerla. Realmente no sabía como era ella en persona. La había visto multitud de veces por la webcam pero no la había visto en conjunto, y habíamos hablado solo un par de veces por teléfono… Se estaban dando demasiados pasos de golpe… demasiados… pero necesitaba saciar mi necesidad, necesitaba conocer a aquella persona que estaba predispuesta a darme lo que yo necesitaba…
Después de un retraso considerable y haciendo todo tipo de cavilaciones con la gente que aparecía por la puerta de llegadas, apareció: Bajita, con gafas, no era ni gorda ni delgada… no era ni guapa ni fea… era normal… pero no necesitaba más… ¿Hacía falta algo más para que pudiese acostarme con ella? Yo pensaba que no…
* Hola – Dijo ella tímidamente.
* Hola Ana, ¿Qué tal? ¡Por fin nos vemos! – Dije nervioso.
Nos cruzamos varias frases, hablábamos, las conversaciones eran superficiales, correctas… Yo no sabía que hacer. Mis miedos me podían… No podía lanzarme tan directamente, no me atrevía ni a mantenerle la mirada. Todo el atrevimiento ocasionado por internet, ahora se desvanecía… mis inseguridades aparecían y no podía evitar sentirme así.
El trayecto en coche hasta el hotel fue silencioso… La miraba disimuladamente, me miraba… Las intenciones estaban claras pero eran muchos años de introversión los que me impedían dar el paso… Esa situación me sobrepasaba… No era capaz… y no podía desaprovechar esa maldita oportunidad que se me presentaba…
Llegados al hotel, sentados sobre la cama, sin mediar palabra, nos miramos… Estaba nervioso… Ella acercó mi mano a mi muslo. No sabía qué hacer… Me miraba, la miraba…
Se fue acercando a mí… Nervioso, intenté mediar palabra, intenté excusarme por anticipado de que no iba a saber besarla, de que no iba a saber corresponderla, de que nunca había tenido unos labios junto a los míos…
Todas esas expectativas que podía haberla causado, no eran ciertas… No era más que un chico sin experiencia, virgen, tímido, inseguro…
Pero un solo gesto suyo me contuvo, una sola mirada detuvo mis ganas de salir huyendo… Se acercó lentamente, con suavidad… intentando hacer que mi primer beso fuese especial… sin saber responder a sus labios, sin poder manejar mi lengua para corresponderla, sin saber donde mirar… sin saber como, mis labios y los suyos se juntaron…
Me recosté sobre la cama. Yo debajo, ella encima, ambos vestidos. Una sucesión de besos y miradas se reflejaban en nuestros rostros… De forma brusca intenté quitarle la ropa, ver por primera vez a una chica en sujetador…
Sus tetas eran pequeñas, normales… No sabía que hacer con ellas… Pensaba sin pensar, no me daba tiempo, y ella me desnudaba… me bajaba los pantalones… mi polla, levemente abultada, rozaba sus piernas… El movimiento hacía que se pusiese dura… que notase su entrepierna entre los pantalones… Las caricias, los roces… Era todo brusco, agitado, sin control…
No hacíamos más que movernos… yo encima, ella debajo… roces, caricias… besos… No sentía mucho… simplemente quería más… quería llegar al momento… quería llegar a estar desnudo con ella… y follarla… y notar mi polla dentro de su coño… y empujar… y saber de una vez que se siente metiendo y sacando… Tenía prisa…
Poco a poco nos fuimos desprendiendo de las ropas… ella debajo, yo encima… en ropa interior… besándonos con brusquedad.
* ¿Cómo te sientes? ¿Te gusta? – No paraba de preguntarme.
* Sí… Sí… - Respondía yo casi sin pensarlo.
No sentía mucho… simplemente me colocaba encima suya… ella sin ropa, yo en calzoncillos… mi polla dura… follándola con los calzoncillos puestos… haciendo el amago, rozándola, besándola… Hacía fuerza con la polla, le gustaba…
Sinceramente, no sentía nada, simplemente hacía lo que creía que tenía que hacer… sin pensarlo, sin disfrutarlo, sin mirarla…
* Quítate los calzoncillos… Fóllame… - Me decía ella.
Me incorporé, alcancé un preservativo que tenía a mano y me lo puse… Era el momento, no era consciente, solo quería poder follarla, solo quería poder dejar atrás estos sentimientos reprimidos, esta adolescencia vacía, esta necesidad sexual no saciada…
Repetí el mismo movimiento que antes, encima suya… besándola… escuchando constantemente sus palabras de ánimo y aprobación… E intentando sujetar mi polla con la mano intenté atinar dentro de su coñito… Ella me incitó a echarme sobre ella, que la polla siguiese su camino, que la polla encontrase su destino…
Lo noté…
Entró…
Salía sin yo quererlo… No estaba del todo dura… no estaba del todo excitado… En otras ocasiones, con un leve gesto hubiese sido capaz de ponérmela dura… En aquel momento no…
Entraba…
Salía…
No sentía nada… Empujaba sin parar… con miedo a que se me bajase la erección… Ella no paraba de preguntar… No sentía…
Entraba…
Salía…
El movimiento se volvía monótono, repetitivo… el vaivén y el continuo besuqueo no cumplían las expectativas que durante tantos años había figurado en mi cabeza.
Ella gemía, me miraba… nos besábamos… Notaba mi polla dura pero no me corría, ella tampoco… Al rato, empezó a molestarla, el roce de mi polla en su coñito la irritaba… tuve que sacarla… Un completo sentimiento de frustración recorrió cada centímetro de mi piel… Había esperado otra cosa… Necesitaba otra cosa…
Me incorporé… la miraba… Su mirada transmitía algo de decepción… No había podido correrse… estaba por debajo de las expectativas… Sin pensarlo, la besé… besé sus labios… su cuello, sus pechos… Dedicarme a ellos… a acariciarlos, a morder cada pezón…
Arqueaba el cuerpo, miraba hacia arriba… le gustaba… con mi boca era capaz de dar más placer que con mi polla… Me sorprendía… no paraba de gemir y yo no paraba de besarla… Me gustaba la sensación que le producía. Mientras tanto, con una de las manos, me masturbaba para ponérmela lo suficientemente dura y poder correrme… poder saciarme…
Sentado sobre su cintura me masturbaba bruscamente, sin mirarla… Toda la corrida salió disparada entre sus tetas…
Me gustaba… Ella se restregaba la corrida por su cuerpo… lamía sus dedos… yo lamía los suyos…
Nos abrazamos y nos besamos… Muchas sensaciones encontradas salían a flote… Un sentimiento agridulce me invadió… No había sentido lo que esperaba sentir, no había logrado lo que intentaba alcanzar… Bueno… ya no era virgen… Pero… ¿Había realmente logrado lo que me proponía? ¿Había logrado disfrutar realmente de la necesidad que durante tanto tiempo había tenido? Follarla… tener el cuerpo de una mujer para mí… Tenerla a ella…
No lo sé…
Las conclusiones obtenidas no fueron suficientes como para convencerme… Tan solo fue… mi primera vez.
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