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sexo oral con mama en el baño

por krista el 12-03-2010

Fue un día como otro cualquiera, en el cual coincidimos mama y yo en la necesidad de higienizarnos en el baño, yo porque iba a ver a mi novia y ella porque necesitaba hacer uso de él para seguramente solazarse con papá cuando yo desapareciera de casa.

Mamá, a pesar de su edad, 44 años, mantenía una salud corporal esbelta y llena de efluvios y sugerencias sexuales. Su cuerpo mantenía una línea y unas curvas que al andar daban tregua a múltiples deseos procaces que invitaban al sexo y a la lujuria. El contoneo de sus caderas y la repercusión que tenían en su trasero llenaban de pensamientos lascivos los ojos que lo contemplaran, desnudándola y desatando en ellos los mas bajos instintos animales. La caja torácica que albergaba sus pechos por no ser voluminosa, no era menos lasciva. Sus pechos se balanceaban al andar de manera insolente y pecadora e incitaban al friegue de las braguetas de los hombres que los miraban. Su cara, de actitud agradable y bien parecida, la presidían unos labios cuya prominencia y voluptuosidad podían lacrar entre ellos en dicha y gozo a las pollas mas irascibles. El simple roce de sus labios sobre el glande, en actitud morbosa y pecadora blandían en fuego y derretían el acero más feroz con el que se forjaran espadas para la guerra. Todo en ella destilaba pasión, deseo y lujuria.

Siempre me he sentido atraído por mi mama. Su incitante morbosidad en la manera de manifestarse habitualmente la conjugaba con esa personalidad que emitía destellos en mi polla en las noches de insomnio en las que lujuriosamente me masturbaba pensando en ella. Era fácil verla por las mañanas con sólo unas braguitas y una camiseta sin nada más debajo, preparar los desayunos en la cocina, dejando que su cuerpo se manifestara libremente haciendo arder la pasión bajo mi pantalón corto de deporte. El contoneo de su culo, la veleidad de los vaivenes de sus pechos... ahhhhhhhhhhhhh, todo, me moría de gusto observándola. Ante esto, eran muchas las ganas que tenía de marchar al servicio a masturbarme pensando en ella, pero por otro lado quería permanecer allí en la cocina, para seguir gozando de sus movimientos y sufrir en mi polla y en mis ansias el gozo de sus continuos balanceos lascivos y tentadores.

Cuando caía la noche, salía del baño envuelta en un albornoz y se sentaba en el sofá del salón entrecruzando sus piernas dejando entrever de manera lujuriosa la plenitud de su desnudez humedecida por el agua del baño. Una diosa envuelta en perfumes y gel de baño que mi mente desnudaba poseyéndola y gozándola en toda su plenitud. Mis manos acariciando sus muslos morbosos y blanquecinos hasta llegar con mis dedos a sus labios vaginales dispuestos a pecar en ellos profanando sus esencias. Mi boca, sedienta de la maternidad que sus pechos ofrecían, saciando mi sed mamándolos hasta en sus pezones que se erigían duros y lujuriosos con el contacto de mi lengua en ellos. Y cuando los efluvios incandescentes que mi cuerpo despedía pensando en ella, le reclamaban una buena mamada o un polvo redimidor de mi polla trascendiendo en su coño... entonces era cuando eyaculaba y me corría en mis manos, gozoso e insatisfecho a la vez.

Y fue un día como otro cualquiera en el que las prisas y las premuras nos concitaron en el baño. Mamá acababa de darse un baño y yo, desnudo, con una toalla en la mano me apresuré a hacer lo mismo. Cuando abrí la puerta del baño, ohhhhhhhhhhhhh, allí estaba esa preciosidad real y en carne viva con la que tanto me había masturbado en mis noches de insomnio. Mama estaba desnuda, ya seca, a cuatro patas buscando algo en los armaritos contiguos a la ducha. Sus nalgas perfectamente ovaladas, turbaron mi mente en un poliedro de deseos desenfrenados que se masificaban y endurecían en mi polla. Dos monumentales nalgas que cobijaban en su encuentro un coñito esponjoso aún húmedo y rezumante. La curiosidad y el morbo de aquella visión me impulsaron a acercar unos de mis dedos a su coño y tomar en ellos una de las gotas que prendían de sus efluvios. Me llevé el dedo mojado a mi nariz y pude gozar y deleitarme del excitante olor del coño femenino en mis fosas nasales. Uuuuhhhhmmmm, deliciosamente lascivo y excitante. Acto seguido me froté la polla dura y erecta y la barnicé con su olor femenino. Después impelido por la pasión de mis sentidos rocé con mis dedos el coño de mama para seguir gozando de sus húmedos efluvios. Mama en ese momento notó mi presencia en su coño y girándose me dijo:

-¿Qué haces?

- No... nada, respondí, parece que... aunque seca, aún te encuentras húmeda por esta zona... no te preocupes ya me ocupo yo, sigue con lo tuyo mama, Sigue buscando.

Mama me dedicó un gesto ambiguo y siguió rebuscando en los armaritos del baño, mientras yo refregaba con mis dedos su coño húmedo, notando la esponjosidad de sus labios vaginales que se hinchaban y se enrojecían ante mis friegues. Seguramente se había masturbado en el baño por eso aún rezumaba. Mis dedos, impelidos por el ardor que mi cuerpo despedía, rápidamente tomaron autonomía propia y uno de ellos sacudió con frenesí su clítoris, mientras otro, más explorador, se adentraba duro y alevoso en su gruta a la búsqueda de sus secretos más íntimos. Sus labios vaginales tornados en rojo pasión y su clítoris enloquecido con mis sacudidas hicieron brotar de su gruta el más hermoso de los orgasmos que enjuagaron mis dedos de pasión subliminal. Mamá dejó de rebuscar en los armaritos y se apoyó en los estantes del mismo para gozar de mis manualidades, entornando sus ojos y exhalando en voz baja ocultos gemidos.

Mi polla rozaba sus nalgas una y otra vez revolcándose y apretándose lujuriosa en ellas, reclamando clemencia a su duro y placentero sufrimiento. Pero mi boca pudo más, y abriendo las piernas de mamá, que se dejó hacer, mi boca la cogió ricamente en su coño y la comió paladeando sus labios esponjosos y enrojecidos, mientras mi lengua viperina la atacó duramente en sus entrañas bebiendo las esencias que su placer derramaba en arroyuelos líquidos que se desbordaban por las comisuras de mis labios. Su coño, un dulce melocotón que agualizaba multiorgásmico rebosando sus ansias y las mias.

Y cuando la pasión que nos inundaba era más incandescente y lujuriosa e invitaba al coito más brutal y salvaje, mama se giró poniéndose frente a mi y tomando mi polla entre sus manos la abarcó con su boca desapareciendo en su interior en cuestión de segundos. Yo me retiré hacia atrás y apoyando los codos en el suelo pude gozar de la excelente mamada que me estaba procurando. Esos labios de fuego recorrían mi polla de arriba abajo, encajándose como una ventosa en cada centímetro de ella. Era muy lujurioso y excitante ver a mama chupándome la polla, follándome con su boca. Mis manos se posaron en su cabeza y la empujaron pidiéndole más, pidiéndole que me la comiera entera hasta su garganta, y mama, como una puta experta y viciosa la hizo desaparecer engulléndola toda, colmando el mayor de mis placeres conocidos hasta entonces. Con una de sus manos acariciaba mis huevos que hinchados amenazaban con explotar de un momento a otro, rendidos a sus caricias, y con la otra se amenizaba el coño que no paraba de manar el jugo de sus orgasmos ininterrumpidos resbalando en sus muslos convirtiéndola en una diosa del vicio que gozaba follándose a su hijo. Un éxtasis de pasión que estalló en su boca y en su cara cuando me corrí.

Nuestros cuerpos quedaron tumbados uno al lado del otro, jadeantes, espesos... felizmente relajados. Miré a mama, no dijo nada... acarició mi cara con sus manos y me dedico una amplia sonrisa de satisfacción...
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Tags:    relatos eroticos   sexo oral   amor filial   incestos   madres  


COMENTARIOS

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DARARI  |  04-12-2010
ya me la imagino a ella toda una belleza

hugo8509  |  20-03-2010
Esta chidisimo carnal me gustaria estar con ella soberbio


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