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    un duro dia de sexo

    por admin el 16-06-2008

    Me he despertado hoy con un sobresalto. Abrí los ojos y me encontré con los de mi padre. Quise levantarme, pero estaba atada a la cama; mis manos a la cabecera y los pies, piernas abiertas, a los lados de la cama. Las mantas y sábanas habían sido retiradas, mi cuerpo, despojado de mis ropas.

    Miré a mi padre, asustada. Me puso un cojín debajo del culo, para elevarme un poco de la cama. Llevaba una navaja de barbero en la mano. La acercó a mi coño, en ese momento peludo. Empezó a afeitar, incluso los labios de la vagina y laterales del clítoris, también velludos. Cogió un paño húmedo y me limpió el recién rasurado coño, en el que me hizo diversos cortes profundos con la navaja.

    Procedió a bajarse los pantalones. Le vi las intenciones. Intenté zafarme de las ataduras, que se apretaron aún más a las extremidades. Se bajó los calzoncillos. Tenía la polla tiesa, enorme. Se puso de rodillas en el colchón. Acercó su polla a mi coño. Entró en mí. Se orinó dentro de mí. El líquido caliente llenó mi vagina y cayó fuera hasta llegar al ano. Me penetró a la fuerza durante media hora. Después me desató.

    Vístete y vete a clase- me dijo.

    Así lo hice.

    Llegué a clase. Unos compañeros me cogieron y me empujaron contra la mesa del profesor. Me desabrocharon la blusa y me quitaron el sujetador, el cual fue a parar a la papelera. Me quitaron las bragas y las tiraron junto al sostén. Una compañera grababa mientras me violaban delante de toda la clase.

    Llegó el profesor, que, en lugar de venir a ayudarme, quemó mi ropa interior. Yo lloraba, desconsolada. El profesor me quitó la blusa y la falda. Las tiró al suelo. Cogió mi mesa y la puso junto a la pizarra. Me sentó en la mesa, la espalda contra la pizarra. Separó mis piernas. Me lamió el clítoris, el coño y el ano.

    Cogió un puñado de tizas y me las metió en el coño. Me dejó con las piernas abiertas delante de todos mis compañeros durante toda la clase. Al terminar ésta, se quedó con mi ropa, por lo cual tuve que ir a todas las clases desnuda. Lo peor de todo era que tenía gimnasia.

    Llegué al gimnasio procurando pasar desapercibida. Pero el profesor me descubrió. Me agarró del pelo y me llevó a rastras hasta el potro. Me abrió de piernas y vio que tenía el coño inflamado y escocido a causa de las tizas que aún tenía metidas en la vagina.

    Me tumbó boca abajo en el suelo. Todos mis compañeros se pusieron a nuestro alrededor a mirar. Me penetró analmente mientras me tiraba del pelo para que me encorvase y los demás pudiesen ver cómo me botaban las tetas.

    Me llevó hasta las barras y me ató las manos a ellas. Dejó que los demás me manosearan, me lamieran y me mordieran.

    Al cabo de unos minutos apareció con balones medicinales, de baloncesto, de futbol y de tenis. Cada uno de mis compañeros cogió una pelota. Una lluvia de balones cayó sobre mí. La mayoría de los golpes llegaban a las tetas y el coño.

    Al cabo de 20 minutos, media hora, dejaron de lanzar balones y me desataron. Tenía moratones por todo el cuerpo. Las tetas las tenía hinchadas y ennegrecidas. El profesor aprovechó la ocasión para mamar. Pero al momento apartó la boca, ya que del pezón salía sangre.

    Pasó su mano por mi coño y la metió por la hinchada vagina. Yo no podía moverme del dolor que tenía en el cuerpo. Sacó las tizas, que estaban ensangrentadas. Los golpes en la zona genital habían provocado heridas internas.

    La chica más guarra (por lo poco que se limpiaba y por lo puta que era) de la clase se sentó en mi cara con la falda levantada. No llevaba bragas. Su lluvia dorada cayó sobre mi boca. Me hizo lamerle el coño. Sentí una legua lamerme el coño. Al poco yo ya no podía más, me desmayé.

    Cuando desperté, estaba en la comisaría de policía, en una celda, y todavía desnuda.

    ¿Estás despierta ya, zorra?

    Giré trabajosamente la cabeza. Un policía me hablaba desde la puerta de la celda. Entró.

    Me han dicho que te gusta follar. Pues ahora vamos a follar.

    Se puso a pegarme con la porra en el culo, la única parte de mi cuerpo, junto con la espalda, que no había sido alcanzada por ninguna pelota. Después de estar un buen rato así, pasó a meterme la porra por el ano.

    Llegó otro policía, que se sacó la polla y me penetró duramente en la vagina, aún hinchada y con sangre seca.

    Cuando terminaron de follarme, me esposaron a la cama. Cogieron una máquina de descargas y me la acercaron al coño. Una descarga eléctrica recorrió mi cuerpo. La espalda se me curvó. Varias descargas le siguieron. También recibí descargas en los pezones, los cuales rezumaron la sangre que habían acumulado por los golpes. Volví a perder el conocimiento.

    Esta vez desperté en mi casa. Mi padre me llevaba en brazos y me metió en la bañera, que contenía agua ardiendo. Noté que tenía algo metido en el coño; un vibrador encendido. Me dejó allí metida toda la noche. Y yo no salí porque no tenía fuerzas.

    Este relato es ficticio.
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    Tags:    sexo   relato   atada  


    COMENTARIOS

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    DARIOLINCOLN  |  05-01-2012
    es una pavada!!!!!!!!!!

    anonimo  |  25-09-2008
    no creo k sea cierto porke vamos es imposible no me a wustado es un relato maxista

    anonimo  |  25-09-2008
    cierto o falso? no lo se...pero tiene su morbo...al personaje se ve que le gustó


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