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    mas caliente que el techo del infierno

    por fati el 06-08-2008

    Las cuatro y cuarto de la madrugada de un frío sábado.

    - ¡Ponme otra cerveza, anda! - Una cerveza para el caballero - dijo con una sonrisa amistosa -. Invitación de la casa.

    Le devolvió media sonrisa, recogió el tercio de la barra, se acomodó en su taburete y volvió a recostarse sobre la pared. Con una fugaz mirada comprobó de nuevo la hora. "Esta es la última, me la bebo y me voy. Ya no creo que aparezca" pensó. Estaba en un local de esos con máquinas para conectarse a Internet, había gastado un dineral conectado a un chat durante dos horas, incluso había conocido a una chica, es más, después de una conversación con cierto tono picante había quedado allí mismo, en aquel garito en mitad de la noche madrileña del sábado. Pero ella no había aparecido. La estuvo esperando ansiosamente durante las últimas 3 cervezas y aún seguía haciéndolo. Otra vez su mirada encontró la esfera de su reloj. Las cuatro y veinte. "No. ¡Mierda! Mi gozo en un pozo. No ha venido."

    Apenas quedaba hueco en su estómago para más alcohol, pero se aferraba a su Mahou como si le fuera la vida en ello. A esas alturas de la noche, poca gente quedaba en el bar. Ya había agotado todas las posibilidades de ligar con el personal que allí se encontraba. Volvió a echar un vistazo. Dos chicas al fondo de la barra. "¡Joder! ... Con tres tíos al lado. ¡Ostras! Allí está Tamara, no la había visto en toda la noche. ¡Qué buena está! Ya te pillaré un día de estos." Tamara le lanzó una sonrisa, justo en el momento en el que su novio volvía del baño. Detrás de la columna, su ex-novia. "Seguro que está disfrutando viéndome aquí tirado, borracho y sin plan, sabiendo que cuando la miro me la encuentro pegándose el palo con el tío ese." Y justo al lado suyo... "Un momento, un momento. Lleva un abrigo gris con una camisa blanca ajustada y el pelo de color caoba. ¡La leche! No me dijo que era cuarentona. ¡Mejor! Me gusta, me gusta."

    En ese momento recordó el algoritmo de Bud y Weiser - Si ves a una tía, piensas que está buena y le pondrías un diez de nota, tendrás que aplicar la siguiente fórmula: Restar a la puntuación obtenida 0,75 puntos por cerveza consumida a partir de la cuarta y medio punto adicional por cada hora que pase de las tres. El resultado obtenido se refiere a la chica vista a las 5 de la tarde, con luz natural y sin maquillar. "Un diez, menos 3 por los ocho tercios, menos 0,5 porque son las cuatro y veinticinco.... ¡A la mierda! Esa tía está buena de verdad. Y muy buena."

    Hola Teresa, vaya horitas. ¿Javi? Menos mal, he preguntado a un chico por ahí detrás y me ha mirado un poco mal. Ja ja. Bueno, ¿decepcionado? ¿Decepcionado? Me parece que todo lo contrario. Ja ja ja, vaya, me alegro. Por el chat me habías parecido mayor. Creo que no debería de haber venido. Casi podría ser tu madre. ¿Cuántos años tienes? No me mires como si fuera un yogurín, joder. Veinticuatro. Ja ja ja, seguro que esperabas que fuese una chica más joven. Es muy tarde ya, si quieres dejamos la copa que me has prometido para otro día, estoy muy cansada. Como tú veas, pero si quieres nos vamos a otro sitio con un poco más de ambiente. Y no te preocupes, que voy a seguir intentando ligar contigo, que estas de muy buen ver, ja ja ja. ¡Uyyyyy! Me parece que has bebido demasiado. Mira, vamos a tomarnos la copa aquí, porque yo vivo aquí al lado y no me apetece coger el coche a estas horas.

    El camarero sirvió un gin tonic. Al rato otra cerveza y un poco más tarde una sucesión de chupitos variopintos que sabían más a colonia que a licor. Por fin parecía que la noche le sonreía. Lo estaba pasando bien con aquella mujer de la camisa blanca ajustada que transparentaba los encajes de su sujetador. "¡Vaya unas tetas! ¡Tienen que caer esta noche como sea!" La conversación era divertida, los dos reían. Los pechos de ella, cuando se movía, rozaron un par de veces los brazos Javi. "¿Lo estará haciendo aposta? Más le vale porque me está calentando, y mucho"

    Las seis menos cuarto.

    Mira, a mi edad una ya sabe mucho de la vida y tú con veinticuatro no ves muchas cosas que yo sí veo. Ya claro. ¿Y qué es lo que ves? Ja ja ja. Pues por ejemplo que tienes unas ganas enormes de acostarte conmigo.

    En ese momento se sintió acorralado. "¡Mierda! Pues sí, se nota bastante, pero ¡coño! Déjame que lo intente, que ya tenía la táctica planeada. Ahora ya no sé como lanzarme."

    ¡Ehmmmm! ¡Joder!, me has roto los esquemas. ¿Qué se supone que tengo que decir ahora? Pues sí, ¿y qué? Es que estas muy pero que muy bien y me lo estoy pasando genial. Ja ja ja. Pero tú tranquilo, no te asustes. Además yo también quiero acostarme contigo. - dijo ella mientras daba el último sorbo a su copa.

    Fue como en esos momentos en los que estas esperando en los coches de choque a que llegue tu turno para montarte, cuando suena la sirena y sales corriendo para coger el mejor coche.

    Javi se levantó de su taburete y se plantó justo delante de Teresa, la agarró por la cintura y la besó. "Cómo me gusta como besa esta tía. Y como me gusta notar sus tetas aplastadas contra mí."

    Estuvieron un buen rato besándose. Su ex-novia torció la cara. Ya no parecía disfrutar viéndole.

    Es muy tarde ya, Javi. Deberíamos irnos ya, que quiero seguir viva mañana y estoy muy cansada. Pero mujer, vamos a tomarnos la penúltima. Estoy muy bien aquí contigo. Bueno, yo vivo aquí al lado. Si quieres te invito a una copa en mi casa. Pero sólo si te portas bien, ja ja ja. ¡Hecho!

    Javi pagó, salieron del bar y caminaron unos trescientos metros hasta su casa; el tema parecía haberse enfriado un poco.

    ¿Qué quieres tomar corazón? Pues ya que va a ser la última, un Passport con Coca Cola. Aquí tienes, yo voy a por mi gin tonic y a ponerme algo más cómodo, que para eso estoy en casa.

    Cuando volvió llevaba un camisón que no resaltaba nada su maravilloso cuerpo. "Ya te lo quitaré para ver bien eso que llevas ahí debajo." El Passport hizo su trabajo y Javi volvió a besarla. Los dos estaban sentados en el sofá del salón. Mientras se besaban se recostaron y Javi la besó en el cuello. Recorrió con su lengua la escotadura, el hombro y posó sus labios otra vez en su cuello para subir lentamente y acabar en el lóbulo de la oreja. Con la mano le acarició el pelo, retirándolo hacia atrás y permitiéndole así morder su pendiente y su lóbulo, introduciendo lentamente la lengua en la oreja. Ella oía muy de cerca como la respiración de Javi se aceleraba. Rodeó con el brazo su cadera, posando una mano sobre su culo, apretando. La otra mano recogió un poco el camisón, acarició sus muslos. Con los dedos dibujó extrañas formas sobre su vientre. Volvió a besar su cuello y sus labios. Ambas lenguas se unieron en un húmedo y largo beso mientras su mano alcanzaba ya el contorno de su pecho, que acarició, mimó y agarró.

    Era el momento de irse a la cama. Ella anduvo por el pasillo, mientras él la abrazaba por detrás apretándose contra sus nalgas, besando su hombro y acariciando su pecho. Deshicieron la cama y él le quitó el camisón, mientras ella estiraba los brazos hacia el techo para facilitarle la tarea. La tumbó boca abajo, se deshizo de su ropa y se tumbó encima de ella. Retiró el pelo hacia un lado y recorrió con la lengua su nuca. La besó en la mejilla y en la comisura de los labios y de nuevo se dirigió a su exquisita oreja. En aquel momento su erección ya era muy considerable y su polla estaba encajada justo entre las nalgas de Teresa. En un desfile de besos, recorrió su espalda, masajeándola suavemente, acariciándola ligeramente con la lengua. Posó su mano izquierda sobre una de sus nalgas apretó suavemente y dirigió sus besos hacia la desatendida nalga derecha. Su otra mano seguía acariciando su espalda, su pelo, su nuca. Desplazó ligeramente sus dos cachetes y lamió la raya de su culo, hasta llegar al ano, el cual besó y lamió, dejándolo completamente húmedo. Con su lengua, la penetró y ella gimió, abrazándose con fuerza a la almohada. Y allí estaba, a escasos centímetros de su boca. Unos labios arrugados y grandes.... y húmedos. Los lamió de pasada para volver a besar su culo. Ella se dio la vuelta. Ahora tenía delante de sí a un voluminoso clítoris y a unos labios carnosos y generosos. Los contorneó con la lengua, los estiró con su boca, los chupó y penetró en su vagina. Y lamió desde su ano hasta el clítoris, que acorraló en su boca mientras lo aspiraba. No podía dejar de masajear sus tetas mientras tanto.

    La sesión de sexo oral continuó durante un rato. Teresa agarró a Javi del pelo, apretándole con fuerza hacia su húmedo coño. Él agarraba sus dos muslos con fuerza, separando sus piernas y encajando la cabeza en su entrepierna. En ese momento ya no podía más, tenía que penetrarla. Volvió el desfile de besos, en sus muslos, en su vientre, en su ombligo, en el contorno de sus pechos, en los pezones, en el antebrazo, en su hombro, en su cuello, en su oreja y finalmente en su boca. La abrazó con fuerza apretando sus tetas contra su pecho, dejando que la puntita de su polla acariciase su clítoris. Lentamente, los labios se abrieron dejando paso a la polla que quería entrar en ella. Poco a poco hasta el fondo, disfrutando de cada milímetro de penetración. Los huevos apretaban en su culo y entonces volvía a salir lentamente para empezar otra vez, sin olvidarse nunca de aquella orejita de la que se había enamorado. Volvió a rodear su cintura, mientras la penetraba. Con la otra mano, acarició su clítoris. A Teresa pareció que eso le ponía a cien por hora así que se dedicó a masturbarla a conciencia, penetrándola una y otra vez.

    Los dos estaban gozando. No podían parar de besarse, acariciarse, agarrarse. Sus gemidos quedaban ahogados en profundos besos.

    No te pares ahora, corazón, me corro.

    Javi aumentó la velocidad de sus embestidas y acarició su clítoris aún con más insistencia. Ella se gimió, apretó sus nalgas y se relajó. Él penetró su estrechada vagina y también se corrió.

    Estuvieron besándose largo rato. Javi acariciándole el pelo y Teresa su culo. Así hasta que se quedaron dormidos.
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