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una consulta lesbiana y sadica

por krista el 25-01-2012

Ana había sido aceptada en una empresa de secretaria pero le habían pedido un certificado médico, cosa que extrañó mucho a la muchacha, fue a hacérselo donde una doctora que le habían indicado se lo haría gratis. Casi lo prefería que fuese una mujer pero lo que no se esperaba era lo que iba a suceder.

La consulta esta en un edificio de apartamentos, llamó al portero automático y le abrieron, subió en el ascensor hasta el último piso donde la doctora tenía la consulta, le habían citado a las siete de la tarde, traspasó el umbral de la puerta siendo recibida por la enfermera, una mujer ya madura de unos cuarenta años bien conservada.

La introdujo en una gran sala con una camilla a un lado y una mesa con una silla donde la invitó a sentarse para esperar a la doctora. Se sentó y se dispuso a esperar, observó que en una de las paredes debían de estar de obras porque estaba tapada con una gran sabana pero no le dio importancia.

Entró la doctora y ella como cortesía se levantó y se volvió a sentar cuando lo hizo ella, cuando pasó a su lado le vino una fragancia de una colonia como infantil. Así que tú vas a ser la nueva secretaria de Juan, era su nuevo jefe, le dijo la doctora.

Pasa al lado de la camilla, desnúdate y siéntate en ella—la dijo la médico.

Ella lo hizo aunque le sorprendió que no hubiera un biombo donde desnudarse pero no le dio importancia, se fue quitando la blusa blanca, el jean y el tanguita rosa hasta quedarse completamente desnuda, Ana era morena con el pelo rizado y entreverado de mechas, medía 1,70 y pesaba 59 kilos, ojos oscuros, unos pechos más bien pequeños pero rematados por dos pezones también pequeños pero como dos fresitas, un culo respingón que era la envidia de todas sus amigas y un coñito de labios gruesos y un clítoris bien escondidito que sobresalía cuando se excitaba mucho y el pubis bastante velludo.

La doctora se acercó, se había puesto unos guantes de látex la miró con una linterna el iris, la dentadura, los oídos y luego la auscultó. La ponía el fonendoscopio en el pecho, lo ponía muy estratégicamente cerca de los pezones, a Ana le estaba empezando a entrar miedo porque intuía que la doctora tocaba en zonas que en otras revisiones no lo habían hecho pero su coño decía otra cosa y se estaba humedeciendo bastante, cuando la doctora hubo terminado la hizo tumbar y poner los pies en los estribos y llamó a la enfermera.

La enfermera entró y ató las manos de la chica a los costados con una correas de cuero y los pies a los estribos para luego retirarse. La doctora cuando hubo estado sola en la habitación le dijo a Ana que hacía calor y que se iba a poner cómoda y se quitó la bata y la ropa intima quedándose completamente desnuda, ahora la podía observar en todo su esplendor, era alta algo más que ella de unos cuarenta años, ojos negros, cabello rubio largo y liso, labios sensuales, pechos grandes y con los pezones marronaceos y la aureola grande, el culo mediano acorde a su constitución pero a pesar de una cierta flacidez muy atractivo y el pubis con una tira de vello rubio.

Cuando Ana quiso protestar por la situación la doctora le dio una sonora bofetada que resonó en toda la sala e hizo que una lágrima recorriese la mejilla de la joven.

Tranquila, que solo voy a hacer lo que venias buscando un reconocimiento médico acorde al puesto que vas a desempeñar, es decir, atender como se merecen a todos los clientes, así que zorra, no chilles que así nos llevaremos bien. Además no sé de qué te quejas ya que tu coño no para de decir que eres una autentica cerda en celo que desea ser usada para placer de los clientes y mío.— le dijo la médico humillándola.

La doctora la empezó a observar el coño, la tocaba a veces con suavidad y otras veces con rudeza pero la muchacha no paraba de excitarse y mientras su mente decía no su coño decía que siguiese, se empezó a dejar llevar ya gemir a cada caricia de la doctora cada vez más fuertemente

Al oír estos gemidos la enfermera entró y desnudándose así mismo se puso al lado de Ana y empezó a besar sus pechos bajando a sus pezones mientras con una mano se masturbaba a si misma. La doctora introdujo en la vagina de la chica un aparato que tenía como un pequeño aparato en la vagina de la chica que tenía como un cable gordo que salía fuera y empezó a notar de repente como se le iba hinchando la vagina hasta que ella chilló y la doctora paró, entre tanto la enfermera le lamía los pezones y de vez en cuando le daba pequeños mordiscos estirándoselos con sus dientes, Ana cada vez estaba más excitada y de repente notaba como un gran espasmo recorría su columna yéndose en un gran orgasmo que llenó la mano de la doctora de flujos e hizo que la enfermera la mordiese en el pezón porque también se había corrido.

Eres una guarra y vamos a hacer de ti una putita pero por correrte sin mi permiso te vamos a castigar.— le chilló la facultativa.

La levantó los pies en alto y se los ató cerca del techo manteniéndolos bien arriba y sujetos, se echó una especie de crema en las manos, las frotó y luego vertió esa crema en el culo de Ana, era una crema muy fría que hizo que la chica se quejase, entonces la doctora puso un dedo y empujando con él lo metió, cuando no encontró resistencia, hizo lo mismo con otro y luego siguió con todos ellos hasta que tuvo todo el puño en su culo mientras no paraba de decirla a la muchacha lo cerda que era y que no paraba de manar jugos de su coño como si fuera un surtidor, la chica no paraba de jadear. La doctora con los dedos le tocaba las paredes del recto mientras la enfermera había introducido en el coño de la paciente un vibrador de un tamaño considerable y jugaba con él poniéndolo a la máxima velocidad y buscando las manos de la doctora en el recto. También le había colocado unos pequeños electrodos en los pezones en forma de anillos de plástico y como alfileres que eran las que se apretaban sobre la piel y de vez en cuando le daba pequeñas descargas que hacía que los músculos se tensasen mientras sus agujeros eran invadidos y la insultaban, siguieron hasta que la muchacha tuvo otro orgasmo ésta vez consentido.

La soltaron y la llevaron a una bañera donde la metieron tumbada poniendo las piernas de la chica en los bordes de la misma para tener buen acceso a sus agujeros donde metieron una especie de grandes jeringas de plástico de las que colgaba pequeños tubos como mangueras que conectaron al grifo del agua caliente y la llenaron el culo y el coño de agua y la hicieron que fuese al baño inmediatamente y se lavase bien para volver a la sala donde ellas la esperaban.

Ya solo la quedaba la última parte de este chequeo muy especial, la doctora no había parado de humillarla insultándola mientras la castigaba todo lo que podía pero la parte que la quedaba iba a poner a prueba su aguante al dolor. La cogieron y situándola entre dos grandes columnas de madera la esposaron las manos arriba una a cada columna y los pies igual abajo. Estaba desnuda, la doctora se colocó a su espalda y la fue dando azotes con una fusta primero en el culo y alguno en la espalda pero los de la espalda suaves mientras la enfermera le daba de vez en cuando en el coño o en los pezones alternativamente mientras la insultaba, luego la doctora prosiguió con el castigo en sus nalgas con azotes rápidos pero con una paleta de madera mientras la enfermera la comía el coño de manera muy habilidosa jugando con un dedo en la entrada de su ano hasta que la chica se desmayó por el dolor y su mezcla con un grandísimo orgasmo que hizo que se desmayara.

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Tags:    sadomaso   relatos eroticos   doctoras   enfermeras   pacientes  


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