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el guia de tres diosas rusas

por krista el 02-01-2012

Esto que les contaré ahora ocurrió en el 2008, y fue una de las cosas menos probables y más placenteras que he vivido a mis veintiseis años.

Por cosas de la vida, se hablar inglés lo suficientemente bien como para conversar en ese idioma de forma fluida, y se algo muy básico de ruso. Eso, junto con mi pasión por viajar, y la colección de álbumes fotográficos que tengo publicados en cierta red social, hizo que una chica rusa se animara a escribirme, preguntándome si le gustaría ser el guía de un viaje que planeaba hacer a mi país con sus amigas. Ninguna de ellas hablaba español.

Yo nunca había trabajado de guía hasta ese momento. Sí que había viajado por mi cuenta, pero nunca en el rol de guía. Sin embargo, dado el hecho de que quien me escribía era sumamente atractiva, que venía acompañada de amigas, y que además me pagarían por estar con ellas, decidí aceptar al instante.

Por Internet hicimos, antes de encontrarnos físicamente, un pequeño plan con los sitios a visitar. Había de todo un poco: primero montaña, luego playa y por último ciudad. Aproveche la confianza que poco a poco ganábamos para pedirle los nombres de sus amigas y así poder añadirlas como mis amigas en la red social, para poder ver que tan atractivas eran.

Ciertamente la más hermosa era la que en primer lugar me había escrito, se llamaba Kristina. Sin duda alguna era un poco exhibicionista. Tenía muchos álbumes fotográficos donde sin pudor alguno posaba en trajes de baño, faldas cortas, vestidos con grandes escotes. Y es que tenía motivos para disfrutarse de esa manera, derrochaba seguridad en su mirada y su cuerpo era hermosísimo. Es de esas chicas que cuando sonrie los ojos le brillan y en cada foto sale perfecta. La idea de que pronto tendría la oportunidad de conocerla en persona y que ella dependería de mí durante su viaje, que me haría muchas preguntas y me vería como su protector, me excitaban enormemente. Fueron incontables las veces que durante la espera de su llegada me masturbe viéndola posar en sus fotos, admirando esos ojos grises que parecían brillar siempre, esa sonrisa perfecta enmarcada por labios finos y delicados de una boca que imaginaba una y otra vez comiéndose mi pene. De hecho había una foto en particular que me volvía loco, estaba ella en traje de baño en una piscina con una cascada artificial, y ella posaba apoyándose de la pared con sus brazos extendidos. El agua le daba más abajo de las rodillas y ella se inclinaba un poco. Era una posición de perrito, sin llegar a serlo completamente. Quien le haya tomado la foto tuve la capacidad de captar en una imagen sus muslos redondeados, la línea perfecta de sus caderas, un abdomen firme coronado por un ombligo diminuto, unos brazos delgados y hermosos, sus senos que eran de la talla perfecta, redondos y que se asomaban por un lado y por encima del traje de baño diminuto. Podía adivinar como eran sus pezones de tanto ver la misma imagen. Su piel era clara, pero bronceada, se veía que salía a broncearse con frecuencia para mantener ese color. Su cabello era castaño oscuro, muy liso pero grafilado para darle volumen, largo.

La segunda amiga, se trataba en realidad de su prima. Por lo que la llamaré: “la prima”. No perderé tiempo describiéndola, pues no tuve nada con ella y tampoco era demasiado atractiva. Ciertamente fea no era, pero era algo seria y eso me hacía mantener cierta distancia con ella. De hecho ella cuidaba a Kristina, pues como me enteré despues al parecer son de una familia conservadora. Así que enviaron a su prima, que era poco mayor que Kristina, rondaba los treinta, para que no pasara nada indebido. Les adelanto que su prima no cumplio su función a cabalidad.

La tercera amiga, con quien sí tuve algo, era menos atractiva que Kristina. Principalmente su rostro, pues tenía facciones menos delicadas. La boca y mandíbula un poco grandes. Era pequeña. Pero eso era todo lo negativo. En circunstancias normales ella hubiese sido para mí muy atractiva también, solo que comparada con Kristina quedaba un poco mal. Pero algo a su favor era su cuerpo, acostumbraba hacer ejercicio así que tenía las piernas, los gluteos y el abdomen bien duros. Además era muy blanca, y me excitaba la idea de hacer mía a una chica tan exótica para los estándares caribeños a los que estoy acostumbrado en mi día a día. Tenia el cabello castaño claro, un poco más corto que Kristina. Ojos claros, entre grises y verdes. Se llamaba Nadya.

La cuarta y última integrante del grupo, pensaba yo que estaba ahí también para poner cierto orden, era una señora de unos 45 años. La llamaré: “la señora”. Resultó ser todo lo contrario, era una de las más parranderas, y entendía cuando debía dar privacidad a quienes la necesitaban, y se iba. De hecho siempre durmió sola en un cuarto a donde quiera que ibamos. No tuve nada con ella tampoco.

Espero no haberme tardado demasiado en las descripciones, pero lo cierto es que ya saben como son Kristina y Nadya. Quienes, junto conmigo, seremos los protagonistas de esta serie.

El día del encuentro llegó. Yo fui a esperarlas al aeropuerto, llevé mi mochila preparada para todo lo que nos esperaba, pues el plan era viajar sin parar por casi dos semanas. En el camino al aeropuerto llegué a sentir dudas, e incluso cierto temor. ¿cómo es que algo así me pasa a mí? ¿será alguna trampa? ¿Me irán a robar algún organo?. Incluso reía al pensar en los peores escenarios, y en lo tonto que había sido al creer que cuatro rusas iban a pagarme por pasear en mi país con ellas. Pero la recompenza era tan buena, que así como dije que sí en un primer momento, nunca pensé en no asistir al encuentro. Además que si resultaba cierto todo aquello y yo me iba, dejaría desamparadas a cuatro inocentes extranjeras que no hablaban español en este país suramericano. Podré ser descarado, pero no desalmado.

Escribí en una hoja de papel “Kristina”, usando el alfabeto ruso, para mostrarlo en alto y que así me identificaran más rapidamente. Funcionó al menos para que ellas lo guardaran como un souvenir o recuerdito, yo al ver a cuatro rusas salir juntas del sitio donde se toman las maletas, y luego de haberlas visto en fotos, no tuve duda de que eran ellas. Me alegré enormemente de no haber perdido el tiempo.

Desde el principio Nadya y yo nos conectamos más. Hablaba inglés muy bien y era muy positiva. Kristina era muy hermosa, y su sonrisa era un espectáculo. Pero no se mostraba comunicativa conmigo, siempre hablaba en ruso con las otras chicas, nunca en inglés. Pensé que pude haberla desilusionado de alguna manera, físicamente quizás, y no le interesaría sino como guía.

Esa misma día tomábamos un bus en el que viajaríamos toda la noche, para ir desde la capital hasta una ciudad muy bonita y tranquila en las montañas. En todo el camino, siempre que no dormíamos, hablábamos para ir rompiendo el hielo y conociéndonos. Logré hacerle un par de preguntas a Kristina, pero siempre por medio de sus amigas, ella seguía negándose a hablar en inglés conmigo. Aunque tampoco se lo pedí explícitamente. Me sentía un poco desilusionado, pero aún tenía a Nadya para cumplir mis fantasías, que se mostraba siempre receptiva conmigo.

Finalmente luego de varios autobuses, jeeps, caminatas, fotos, charlas, llegamos a instalarnos en cuatro habitaciones de una posada en medio de la montaña. En una se quedó la señora , en otra la prima, en la siguiente Kristina y Nadya y en la última del corredor: yo.

La señora y prima se fueron a dormir recién entrada la noche, cada una a sus respectivas habitaciones. Luego de una cena típica de la región andina de mi país que compartimos todos en grupo.

En cierto momento yo estaba cambiándome la camisa, por lo que estaba desnudo de la cintura para arriba, tenía la puerta de la habitación abierta y entonces vi aparecer a Nadya y luego a Kristina. A ambas les dio cierta verguenza verme así, yo les dije que no había problema, que tampoco estaba desnudo. Para ese momento estaba entrenando casi a diario, corría, hacia abdominales, y tenía la mejor forma física de mi vida. Soy delgado. Mido 1.75. Tengo el cabello negro, liso y abundante, en aquel momento lo llevaba largo. Mi piel está bronceada por los constantes viajes de playa que hago y por hacer ejercicios al aire libre. Entonces Nadya me pregunta si estaba de acuerdo con la asignación de las habitaciones. Ella me estaba dando la oportunidad de lanzarme, pero yo por ser respetuoso y algo tonto no podía entenderla del todo. La pobre incluso me dijo: Es que pensé que aquí debe hacer frío, y no queremos que duermas tú solo acá. Kristina se rió y se aparto de mi campo visual ante el descaro de su amiga. Ahí lo entendí todo. Y obviamente acepté la invitación.

El primer acercamiento físico vino cuando nos sentamos los tres en la misma cama, una muy grande donde luego dormiríamos los tres, a ver fotos de sus viajes pasados. La computadora con las fotos era de Nadya así que ella era quien la controlaba mientras describía lo que veíamos. Aproveché para sentarme muy cerca de ella, y para ir probando el terreno comencé a hacerle caricias en la espalda. Ella sonreía y Kristina también, pero nadie decía nada al respecto.

Al cabo de un rato, ellas entraron al baño juntas para cambiarse de ropa. Ambas salieron luego con pantalones cortos de algodón y camisetas que le hacían juego. El pantalón corto de Nadya era realmente corto, dejaba una parte generosa de sus glúteos al aire. Creo que desde ese momento empezó cierta rivalidad entre ellas por llamar mi atención. Y pues, siendo Kristina evidentemente más atractiva, la dulce Nadya lo compensaba siendo más atrevida.

Dejaron la luz del baño encendida y apagaron la de la habitación, entre risas nerviosas, lo que evidenciaba cierto pudor en ellas. También, me fije en que llevaban el brasier, yo me había ilusionado con la idea de verlas salir con los pezones duros por el frío. Estos detalles me hicieron pensar que el plan tampoco era empezar una orgía ahí mismo, sino tontear un poco e ir viendo cómo se daban las cosas. Yo a todas estas ya me había puesto cómodo, en un pantalon de algodón también. Y me había quedado sin camisa con la intención de tentarlas.

La idea de hacer mía a Kristina frente a su amiga me excitaba tanto, iba tan más allá de mis fantasías anteriores, que la erección que cargaba era sin precedentes. Por lo que me tapé con las sabanas hasta la cintura, para no intimidarlas y seguir un protocolo “inocente”, pues yo estaba ahí por el frío, que ciertamente ya empezaba a pegar. Incluso llegué a sentirme demasiado evidente al estar sin camisa, pero ya habían salido y era demasiado tarde.

Ellas se metieron conmigo a la cama, les ofrecí de mi sabana y todos nos arropamos con ella, era grande, suave y tibia. Ahí seguimos conversando, pero Kristina seguía hablando poco y en ruso, mientras que su amiga le traducía al inglés. Una de las cosas que dijo, según Nadya, fue: me parece que eres sexi (refiriéndose a mí). Aunque cuando Nadya lo dijo ambas rieron y pelearon en modo broma (eso me hizo dudar de si la traducción fue real). Dándome algunos de esos golpes a mí, que estaba en el medio de ellas dos.

Lo cierto es que de a poco empecé a acercarme a Nadya, y Kristina se fue quedando dormida. Era normal que quisiera dormir, pues venían de un viaje continuo de más de 36 horas. Gran parte de ellas en avión, y la otra en autobuses conmigo.

Cuando me percaté que estábamos solo Nadya y yo despiertos, me acerqué a sus labios y comencé a besarla. Ella lo veía venir, no se sorprendió. Me recibió y con sus manos entre mis cabellos, por la parte de atras de mi cabeza, me hundía para que la besara mas profundo. Yo dejaba que mi lengua jugara con la de ella. Mi excitación era tal que tenía que estimular mi pene de alguna manera. Por lo que me acerqué a ella, de lado, como estábamos. Y apoyé mi miembro sobre sus cuerpo, mientras con mi mano le apretaba las nalgas de tal forma que la pegaba más a mí.

Al fin tocaba esa piel tan blanca, que ahora confirmaba era muy suave y olía delicioso como me imaginaba. Y aunque estaba enormemente excitado, tanto como para violarlas a las dos, me controlé. Recordé las palabras de un amigo a quien le comenté de la situación que estaba por vivir: “Bueno, ten en cuenta que tu rendimiento sexual será una representación de nuestro país cuando ellas se vayan. El país cuenta contigo, ¡no nos decepciones!”. En ese momento me dio mucha risa, pero ahora que tenía a una de ellas en mis brazos, me lo tomaba en serio. Me propuse a darles algo que usualmente como hombres dejamos pasar, y que las mujeres suelen valorar: Paciencia. Además, era el primero de varios días que pasaríamos juntos, no había porqué apurarse. Me sentía ya un poco como un profesional al tener algo de consciencia en un momento tan alucinante.

Luego, ya marcada la estrategia, decidi estimularla con mi boca mientras la tocaba completa con el descaro que me caracteriza. Fue así como coloqué su espalda sobre el colchón, le quite suavemente el cabello del rostro y cuello, y comencé a besar suavemente su cuello, desde donde comenzaban sus hombros y pecho, hasta donde comenzaba su rostro. Todo su cuello fue estimulado lenta pero decididamente por mis labios, mi lengua e incluso mis dientes cuando le mordia muy suavemente los trapecios. Ella respondía maravillosamente, con gemidos muy suaves. Comprendí entonces que ella no quería despertar a su amiga. Luego me levanté con la idea de quitarle el brasier y así estimular sus pezones con mi boca. Ya mis manos se habían encargado de tocar sus senos por encima de su ropa, pero quería ir ganando terreno de a poco. Y entonces algo inesperado pasó: ella se negó. Yo no entendía su actitud, pero tampoco podía molestarme. Ya el estar ahí y haber llegado a tanto en tan poco era algo extraordinario. Lo cierto es que me acosté yo boca abajo, a escasos centímetros de Kristina, que aún dormía, y le pedí con señas a Nadya que se acostara sobre mí. Ella aceptó, y seguimos besándonos apasionadamente. Así estuvimos por mucho tiempo, y yo aprovechaba para masajearle los gluteos que llevaba tan bien dentro de esos pantalones cortísimos. Eran tan blancos y perfectos que la sola idea de tenerla en cuatro y penetrarla me hacían volver loco. Dejé que esa idea me estimulara mientras sentía su peso sobre mi y yo continuaba tocándola. Incluso recuerdo que me se llegaron a cansar las manos de tanto que le apretaba las nalgas, y entonces pasé a acariciarla toda. Ella lo disfrutaba, incluso a veces se le cansaba el cuello y dejaba caer su cabeza sobre uno de mis hombros. Ella gemía cuando mis manos le daban una caricia inesperada o volvía a apretarle sus nalgas.

Algo que me gusta hacer, porque me han dicho ex amantes que les ha gustado mucho, es también gemir un poco. Que les gusta sentir que su amante también está un poco descontrolado por ellas, y no se reprime. Yo lo hacía con Nadya, le gemía y exhalaba mi aliento con un poco más de fuerza de lo normal, para no sólo acariciarla con las manos o mi boca, sino también con ese aire que dejaba de ser mío y le entregaba a su piel.

Luego de estar así, por quien sabe cuanto tiempo, ella me dijo: “Se siente muy bien, pero tengo que dormir. Estoy muy cansada”. En ese momento sólo alcancé a decirle: “Está bien, dulces sueños”. Estaba molesto de que me dejara con tal estado de calentura. Pero, como dije antes, era comprensible que estuviesen realmente cansadas luego de tantas horas de viaje ininterrumpido. Sólo que en esos momentos uno no está del todo racional.

Vi mi reloj y era casi media noche. Había estado besando y tocando a Nadya por al menos dos horas. Sentía los labios hinchados de tanto estímulo. Ya un poco más tranquilo cobré consciencia de la presencia de Kristina a mi lado, nos daba la espalda a Nadya y a mí. El pene me dolía de haber estado tanto tiempo erecto y sin haber sido estimulado directamente, ni mucho menos eyacular. Intenté relajarme y cerré los ojos para repasar todo lo que estaba sintiendo. Me quedé dormido, imagino que con una gran sonrisa, pues aunque no había llegado a hacer mía a ninguna de las dos, mal tampoco la estaba pasando. Recuerdo que mi molestia se había convertido ya en satisfacción para cuando me quedé dormido.

Desperté al par de horas, eran casi las tres de la mañana. Tenía una calentura enorme, pero no quería molestar a Nadya. Entonces me moví hasta rozar la espalda de Kristina con mi mano derecha. Vi que a la izquierda Nadya me daba la espalda. Parecía dormir profundamente. Aprovechando entonces de la libertad que gozaba mi mano izquierda, la llevé hasta mi pene, por encima de la ropa, y comencé a masturbarme suave. No quería quedar en evidencia y asustar a las chicas, por lo que me movía muy lentamente. Por lo excitante de las circunstancias, esos pequeños estímulos me hacían ver el cielo.

Fue entonces cuando mi instinto descarado me dio una idea. Aprovechando que Kristina estaba de espalda, que supuestamente yo estaba ahí por el frío, y considerando que al parecer yo le parecía “sexi”, podía ponerme de lado también, dándole la espalda a Nadya, pegando mi pecho a la espalda de Kristina, abrazándola, y si todo iba bien podía incluso aprovechar de apoyar mi pene a su hermoso culo.

Mi sorpresa fue que al acercarme a Kristina ella hizo una sonrisa nerviosa, igual a la que dió cuando salió del baño vestida para dormir. ¡Estaba despierta!. Eso habría un nuevo mundo de posibilidades. Y ya yo estaba en la posición que quería, pegado a ella, ambos de lado. Ya que se mostraba antes en contra de hablar en inglés, y que ciertamente hablar no era exactamente lo que tenía yo en mente, se me ocurrió algo: Ir tocando ciertas partes de su rostro mientras decía cómo se llamaban en ruso. Un juego tonto que intentaría usar como excusa para empezar a tocar esa belleza que deseaba enormemente.

Fue así como empecé por tocarle los ojos, luego la nariz, luego las mejillas.. ella reía suave.. y cuando llegué a su boca me detuve en sus labios para con dos de mis dedos simular que la besaba, apretando con ellos sus labios. Esto pareció gustarle mucho, pues sentia en mis dedos su respiración fuerte y agitada. En ese momento pensé: ¡Listo!.

La paciencia que me propuse tener en un principio con Nadya quería tenerla con Kristina, y por un principio fue así. La acosté sobre su espalda, al igual que con Nadya algunas horas antes, y la besé en sus labios por un buen rato. Era increible besar a una hermosura de mujer como ella. Luego con mis manos comencé a masajear sus senos, que llevaba bajo un sueter azul. Eran considerablemente más grandes que los de Nadya, una delicia para el tacto.

Entonces comencé a meter la mano bajo su sueter, buscando sus pezones y esperando un mejor resultado que con Nadya. Así fue. Tanto que ella misma me ayudo a quitarle todo lo que la vestía de la cintura para arriba, dejándome sus senos libres para que hiciera con ellos lo que quisiera. Yo me lancé sobre ellos, y los besé con locura. No lo podía creer. Sus pezones eran un poco oscuros, los había imaginado más claros. Y por la excitación estaban duros, apuntaban al techo. Mientras me comía uno de ellos, con mi mano izquierda le acariciaba el otro. Ella arqueaba la espalda por el placer y eso me volvía loco. Al igual que con su amiga, todo ocurría lenta y calladamente, al parecer ella tampoco quería que su amiga se despertara.

Decidí entonces ir un poco más allá, y me quité los pantalones. Dejando así mi pene en total erección en libertad. Tomé una de las manos de Kristina para que tocara mi pecho, ella accedió y mientras tanto nos besábamos en la boca. Luego Le volví a tomar la mano para llevarla hasta mi pene, necesitaba ser estimulado. Ella se resistió, pero aprovechando mi superioridad en fuerza la ogligué. Ya la paciencia le daba paso a la impaciencia. Y recuerdo que ella dijo: “oh, my god”. Y luego comenzó a masturbarme con un ritmo perfecto, mientras yo creía morir de placer.

Le tome la cabeza con cierta rudeza, y comencé a besarla con locura. Ella no dejaba de masturbarme, era muy obediente.

En cierto instante de cordura vi que eran las cinco de la mañana. Estaba consciente de que al amanecer la señora y prima despertarían, y se acabaría la visita al cielo. Entonces decidí hacer lo que fuese necesario para eyacular, y claro, que Kristina me ayudara a que tal cosa ocurriera. Ya luego me quedaría tiempo otro día por complacerla a ella, pero en ese momento, tras el rechazo de Nadya y por la calentura, pensaba en mí solamente.

Fue así como la detuve en la masturbación que me daba, y me senté, apoyando mi espalda sobre la cabecera de la cama. Vi que Nadya dormía. Miré a Kristina de una forma tal que, aunque no puedo describir dado que no pude verme en ese momento, pero sé que la asusté un poco. Tome su cuello por detrás y la llevé lentamente, pero muy decidido, hasta mi pene, para que lo empezara a chupar. Ella se resistió, sin éxito. Y al cabo de unos minutos ya se había incluso acomodado frente a mí, en cuatro, mientras se comía suavemente mi miembro ya sin que yo la obligara.

En ese momento recordé que a mi última amante no le gustaba darme sexo oral cuando mi pene tenía mucho líquido preseminal. Eso no me gustaba, pero no podía hacerla cambiar de opinión. Y ahí estaba esa diosa, hermosa, exótica, desconocida para mí hasta hace no más de un día, obedientemente saboreando esa parte de mí que desbordaba líquidos preseminales, incluso ya cercano a eyacular. Y ella parecía percibirlo como su postre favorito.

Tenía un estilo particular de mamarlo. Me gusta cuando la chica con sus manos se ayuda y continua el movimiento que lleva con su boca, extendiendo la zona estimulada sobre el miembro. Pero ella más bien le dejaba todo a su boca, con sus labios, lengua, dientes. Chupaba fuerte. Dejaba sus manos para apretarme los testículos de vez en cuando, sin dejar de chupar. Era distinto, y me encantaba. Tanto, que irremediablemente sentí que iba a eyacular, y lo hice sin avisarle. Ella magistralmente se sacó el pene de su boca y en una fracción de segundo dejó que una de sus manos comenzara a masturbarme. Me apretaba tan fuerte que me dolía, y en cada subir y bajar me golpeaba los testículos también. Pero el dolor, que tampoco era demasiado, era recompenzado por la imagen que la luz proveniente del baño me regalaba. Estaba llenando esa cara perfecta de mi semen. Sus ojos estaban cerrados, y su boca entreabierta. Tenia un gesto que me decía que se estaba esforzando en su tarea, pero que le gustaba. Yo no pude hacer el ruido que merecía la ocasión porque no quería despertar a Nadya. Pero fue algo tan placentero que estoy casi seguro que recordaré antes de morir. Le llené toda la cara, nunca antes eyaculé tanto.

Luego de eso, Kristina fue al baño. Al abrir la ducha Nadya se despertó. Todo comenzó un curso más normal. Y más allá de miradas complices, ese día no pasó de ser un paseo normal. En la noche tomabamos otro autobús, para seguir nuestro viaje.

Durante el día me acerqué a Kristina para preguntarle en qué trabajaba, y ella me miró con cierta verguenza. Su prima se acercó y me dijo:

- Ella puede entender inglés, pero casi no lo habla. La que te escribía mientras coordinabamos lo del viaje era yo, desde su cuenta. Porque ella no sabía como comunicarse contigo, y me lo pidió así.

Así me enteré que había besado, sometido, y hecho un facial, a la chica más hermosa de toda mi vida. Y que, aunque quisiera, no era capaz de tener una conversación con ella. El sexo sería el único modo de comunicarnos.

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Tags:    relatos eroticos   confesiones   grupos   rusas   ligues  


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