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una cuestion de amigas

por krista el 24-10-2011

Esto sucedió hace algún tiempo en casa de mi novia, en Huelva, estaba yo de novio con Nuria, morena, 174, pechos grandes, un gran cuerpo, y esta tenía una amiga íntima llamada Andrea, morena, 170, pechos normales, y un buen cuerpo. Un día mi novia, con la que tenía unas excelentes y completas relaciones sexuales, donde todo entraba, me planteó un deseo oculto de su amiga, éste no era otro que ser penetrada por el ano. Al decirme esto, me quedé muy sorprendido, por lo extraño de las manifestaciones, y que ella tenía novio.

Mi novia siguió dándoles vueltas al tema, intentándome convencerme, hasta que finalmente me preguntó si estaba dispuesto a hacerle ese favor, que yo lo hacía muy bien y que si quería se lo hacía sin dolor o con poco dolor el suficiente que a cualquier mujer le encanta. Me dijo que era solo una vez, y únicamente por el ano, para que lo probase y después lo haga con su novio. Me hice rogar explicando que era algo totalmente inesperado para mí, pero al final después de tanta insistencia, le respondí que bueno, que si era sólo una vez lo haría.

Mi novia aceptó y a la tarde siguiente se presentaron las dos en casa de Nuria, pues yo ya estaba allí antes. Su amiga llevaba unos altos y finos tacones y medias negras, con un vestido marrón. Al verla, le pregunté si estaba dispuesta y Andrea me respondió que tenía unas ganas locas, le dije a mi novia que es lo que ella iba a hacer, y respondió que se quedaba viendo la tele mientras le daba por culo a su amiga y que luego la follase a ella.

Nos fuimos al dormitorio y le ordené que se desnudase, se quedó con un tanga y un pequeño sujetador, ambos negros, dejando ver su bello cuerpo. Le quité la ropa interior y la tumbé en la cama, lamí sus orejas, sus pezones, su cuerpo, hasta calentarla al máximo, hasta que Andrea me dijo que estaba ya muy caliente, que la penetrara ya. Le levanté las piernas, las apoyé en mis hombros y dirigí mi pene a su ano, el cual antes había untado con un poco de aceite, la penetré despacio, muy lentamente, hasta metérsela entera, esperé a que su virgen culo se acostumbrara a mi polla, y después se la saqué pausadamente, y se la introduje nuevamente, así varias veces con mucho cuidado. Cuando ya estaba bien abierta, empecé a bombear cada vez con más fuerza, mientras con una de mis manos retorcía los pezones, no protestó en ningún momento, solo rogaba que la follase más, que no parara, que le abriese el culo, que no me corriera aun. Continué enculándola largamente, era delicioso abrir ese culo virgen, hasta que ya no aguantamos más, y nos corrimos los dos casi a la vez.

Nos lavamos y fuimos a ver a mi novia, ella al vernos le preguntó a Andrea, y ella dijo que magnifico, que yo era una maravilla, que su ano estaba destrozado, que se acordaría de mí durante días, y yo le repliqué que se hiciera una paja en mi honor cuando se acordara de esto. Después Nuria me cogió de la mano y nos dirigimos al cuarto, una vez allí, nos desnudamos rápidamente, le dije que esta vez iba a follar diferente, que como era una puta que compartía a su novio, se la iba a meter sin contemplaciones, para que le duela. La puse de rodillas en el borde de la cama, con las piernas bien abiertas, me coloqué de pié por detrás, agarré sus nalgas y la penetré de golpe, soltó un reprimido chillido. Sin darle tiempo machaqué su ano, mientras le daba palmetazos cada vez más fuertes en sus nalgas y muslos. En un momento que paré los golpes suplicó que no parara, que estaba siendo reventada por dentro y por fuera, que le estaba dejado el culo destrozado, que continuara, proseguí un momento, hasta que me corrí, lo que hizo que ella también se corriera.

Al cabo de unas semanas, me llamó Andrea, decía que tenía que hablar conmigo, que tenía un problema, por lo que la invité a almorzar a mi casa. Mi novia llegaba por la tarde, y allí en mi casa estábamos los dos almorzando. Le pregunté por su problema, y ella me lo empezó a contar, me dijo que había probado el sexo anal con su novio, pero que o no sabía o no le gustaba, que era un desastre y que necesitaba como el aire que respiraba ser enculada. Le dije que se buscase a un sustituto u otro novio, y ella frescamente me respondió que eso era lo que estaba haciendo en ese preciso instante, confundido le dije que no podía ser, que era una locura, que ya fue una paranoia estrenárselo, y que no iba a seguir. Ella continuó suplicándome que la enculara una vez, o unas pocas veces más, cuando yo quisiera y como quisiera, yo le repetía numerosas veces que no, ella insistía, y yo harto le hice una proposición brutal pensando que pasaría, le dije que la poseería como quisiera, por donde quisiera, que aceptaría ser mi esclava, sería azotada, castigada y torturada para darme placer, y que a veces le daría por el culo, y que de todo esto no se enteraría jamás Nuria, ella aceptó impaciente.

Yo flipaba, nos dirigimos al cuarto, y le ordené que se quitara la ropa, que se dejase solo el tanga, el sujetador, las medias y los zapatos. Fui al armario, y saqué el material que tenía que usaba con Nuria, le puse el collar y la correa sado, y ella se quedó sorprendida, le ordené ponerse de rodillas y con las manos sobre la cabeza, tiré de la correa un rato y le di un paseo, después le tapé los ojos y le ordené ponerse en pié, saqué sus pechos del sujetador y apreté con intensidad sus pezones, gimió de placer y dolor, le dije que eso era solo el principio, que si no podía resistirlo se fuera, pero que si quería seguir debería de callarse y no hablar. Agarré de nuevo sus pezones y les puse una pinza de la ropa en cada uno, no protestó, pero se retorció de dolor. Le puse las manos sobre el respaldo de una silla y le ordené poner las piernas hacia atrás, bien abiertas, saqué mi latigo de nueve puntas, y acaricié sus nalgas y muslos con él, instantes despues empecé a descargar fuertes latigazos en sus divinas carnes, después de unos minutos, su culo y muslos estaban completamente rojos, le pregunté si le dolía, y tímidamente dijo que mucho.

Le dije que había resistido muy bien, y que la iba a premiar, le ordené que se arrodillase y chupara mi polla sin tocarla con las manos, hasta que me corriese, cuando empezó a chupar tiré de las pinzas de sus pezones y se retorció de dolor, los agarré entre mis dedos y los tenía duros, hinchados y rojos como fresones, a punto de estallar, los acaricie entre mis dedos humedecidos en saliva y ella me lo agradeció. Era una maestra mamadora, me la comió divinamente y se zampó mi leche con deleite, al acabar solo dijo gracias.

Después de dejar a mi esclava descansar una rato, le dije que había llegado la hora de probar de nuevo su culo, que me había vaciado y no tendría prisa en descargarme, por lo que su ano disfrutaría más, pero que primero había que prepararlo, ella aceptó con la cabeza, le metí un par de dedos en su vagina, y estaba rebosante de líquidos, se los saqué y le dije que la iba a enseñar a tener el ano dilatado y abierto para recibir mi polla. Tapé sus ojos, la puse de rodillas con la cara apoyada en la cama, con sus caderas alzadas, sus piernas separadas al máximo, ofreciéndome una vista del ano magestuosa. Le empapé el ano con saliva e introduje perezosamente un consolador de tamaño mediano, bombeé varias veces y cuando iba acercándose al orgasmo Andrea, paraba y lo sacaba pausadamente, luego tocaba con un dedo el borde de su agujero y este se cerraba rápidamente, le dije que debía aprender a dominar su culo, a mantenerlo abierto, pasara lo que pasara. Repetimos la operación varias veces, y a la quinta vez, mi dedo se paseó por su agujero, y este se mantuvo soberbiamente abierto. Encajé un consolador mayor y bombeé de nuevo, velozmente se acercó al orgasmo y de nuevo me detuve y repetí el ejercicio del dedo, a la primera volvió a cerrarse, pero la segunda vez sostuvo su precioso ojal bien abierto, con lo que se ganó un nuevo masaje justo hasta llegar al borde del goce absoluto.

Le dije que estaba casi lista, que solo quedaba una cosa, la prueba capital, tomé un bote de alcohol, y dejé caer unas gotas de alcohol puro en el borde de su inflamado ano, y este se cerró al instante, vi como apretaba sus puños y mordía sus labios, sin hablarle repetí la operación de dilatarla, abrir su culito, y de volver a echarle alcohol. Ella no decía nada, se aguantaba el dolor brutal de aquello, seguí y a la tercera supo contener el agujero bien abierto, se lo toqueteé y se retorcía de dolor y de placer, empecé a tirar más alcohol, mientras le tocaba con mis dedos de forma cada vez más profunda, de pronto, no pudo sostenerse y cayó de costado, me arrimé y me recosté a su lado acariciando sus caderas, para posteriormente deslizar un dedo hacia su agujerito, y seguir penetrándola superficialmente.

La puse a cuatro patas, le eche un poco de agua en su anito, y le felicité por seguir teniéndolo abierto, había aprendido la lección, dejaba ver su rosado interior del culo. Acerqué mi polla y le susurré que su ano se había ganado una penetración, se la metí sin contemplaciones, el alcohol había resecado su entrada, pero empujé con fuerza, y sus carnes se fueron abriendo, me agarré con fuerza a sus tetas, pellizcando sus pezones entre mis dedos y la follé clavándosela hasta el final, reventando su abierto ano, taladrando ferozmente aquel ano de la amiga de mi novia, después de un larga sesión, me corrí dentro de su culo, y ella a la vez alcanzó un gran orgasmo agigantado por los chillidos emitidos.

Al terminar nos quedamos tumbados en la cama, y ella al rato me dijo que descansara, que ahora venía lo mejor, la miré sorprendida, y me dijo que mi novia estaba a punto de llegar, que tenía que preparar algo para las dos. Me quedé helado, sonó el timbre y ahí estaba mi novia, su amiga en pelotas y sonriendo, le abrió la puerta rápidamente. Ellas lograron sorprenderme, estaba como ido, pero segundos después reaccioné, y estaba dispuesto a hacerles pagar caro su atrevimiento. Les pregunte que ahora yo iba a jugar con ellas, y ellas respondieron que estaban dispuestas a todo. Les dije que iban a torturarse mutuamente y la que ganase sería mi reina, la otra sería la servidora y esclava, que pensaran como iban a castigarse recíprocamente, causando un profundo dolor una a la otra, y de forma que yo goce con el espectáculo. Mi novia fue la primera, decía que tenía ya pensada una tortura dolorosa y original para infligir a su amiga. Le di vía libre para empezar.

Nuria ató a Andrea, completamente desnuda, por las manos y la colgó de un gancho que tengo en el centro de mi habitación, fue subiéndola hasta que solo podía apoyarse con la punta de los dedos de sus pies, su espalda y muslos estaban tensos, separó ligeramente sus rodillas y las mantuvo abiertas mediante un par de duros almohadones, Andrea apenas rozaba el suelo con el dedo gordo de cada pie, con esa postura le puso las pinzas metálicas en los senos, y las conectó a la corriente, soltándole duras descargas. Su amiga empezó a suplicar y a gemir, Andrea puso el transformador en automático, de forma que éste soltaba descargas de forma aleatoria, para ella quedarse con las manos libres, con estas cogió otro electrodo tipo consolador y penetró el ano, con la otra mano, colocó una pinza eléctrica en el clítoris y una vez colocados ambos, soltó una descarga, Andrea gritó, que bastaba, que le dolía mucho, que lo dejaba, le pregunté si estaba segura, y se calló, por lo que continuaron las descargas, entre gritos de dolor y placer, así continuó una media hora, ella lloraba y gemía, por sus muslos resbalaban los jugos de su vagina. Pasado ese tiempo, la descolgamos, y cayó rendida en el suelo, estaba sin fuerzas, reventada, y viéndola sin resistencia no pude contener mi deseo, le levanté las piernas, poniéndolas en mis hombros, y por primera vez me la follé por la vagina, dándole una profunda penetración, no dijo palabra, solo temblaba, le dije que era una cerda, que era una zorra, pero ella ni se inmutó, hasta que terminé, bañando su coñito de mi leche. Finalmente le indiqué a mi novia que podía chuparme la polla como premio de la deliciosa tortura que había infligido a su amiga, mientras Nuria me la mamaba, y limpiaba, inicié un apasionado morreo con Andrea, hasta que me susurró al oído que si tenía curiosidad por saber que había pensado para Nuria, me dijo que era original, pero que ella no podía hacerlo, solo yo podía, me lo explicó al oído y quedé perplejo, y me ordenó que se lo hiciera.

Les ordené a las dos putitas, ponerse en pie, les vendé los ojos y las colgué una frente a la otra, con la misma postura que había soportado antes Andrea, uní el pezón derecho de mi novia con el izquierdo de su amiga, y el derecho de Andrea con el izquierdo de Nuria, la distancia era corta, si una se movía tiraba de los pezones de la otra, repetí la operación

con sus labios vaginales, mediante dos cadenitas más, y por último les introduje un electrodo metálico en forma de consolador en sus anos. Enchufé la corriente programando el transformador de tal forma que descargará alternativamente en una y otra cerda, de modo que una recibía la descarga y sentía el dolor de ésta, se revolvía y eso tironeaba de los pezones y de los labios de la otra y ese movimiento volvía a castigar a la primera y pocos segundos después la descarga se invertía y el juego se repetía en el otro sentido. Mi novia resistió muy bien, pero Andrea, que ya estaba castigada, y a pesar de haber ideado el juego, estaba desesperada y se mordía los labios de la boca. Con esa postura, retorciéndose de dolor, dejaban ver sus hermosos culos, irresistibles para azotarlos, por lo que agarré mi látigo y terminé la faena con una sonora y concentrada azotaina en las nalgas y muslos de ambas. Al cabo de un largo rato, las solté, cayeron rendidas, y se acostaron en la cama sin decir nada, agotadas de la sesión de sexo que habían tenido.

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Tags:    relatos eroticos   sadomaso   intercambios   amigas   sexo en grupo  


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