chantaje a la amiga de mi mujer
por krista el 17-10-2011

Las mujeres me gustan por lo que esconden. Por lo que insinúan. Por el placer que pueden proporcionar. Por el peligro. Por el morbo de las situaciones en que las poseeo.
Mi mujer tiene 34 años y yo 38. Llevamos casados 7 años y tenemos 3 niñas pequeñas. Con el paso del tiempo he ido entrando en páginas de contactos, chats eróticos, y toda esa suerte de lugares cibernéticos que dejan aflorar las fantasías y los deseos más fuertes y sexuales de hombres y mujeres.
Mi esposa, Ana, no lo sabe. No sé si en alguna ocasión lo ha intuido pero no sabe a ciencia cierta que me conecto por las noches a ese tipo de páginas, mientras ella lee o ve alguna serie de televisión.
Todo era más o menos entretenido hasta que hace un mes, en una de esas páginas, encontré el perfil de una mujer de 34 años, con una descripción física que me resultaba familiar. No exhibía foto propia, sino una de una actriz famosa en situación de semidesnudez. Su nombre de usuaria, California, no me decía nada, pero sí el resto de datos: altura 1,68, peso 69 kgs., ojos azul grisáceo, talla 120 de pecho, color de piel blanco, pelo rubio y media melena…. Y tenía pareja e hijos.
Comencé a chatear con ella, y para mi sorpresa no era la típica mojigata que dice que sólo quiere amistad. California quería sexo sin compromisos. Así continué preguntando, indagando, y ¡¡bingo!! supe quién era California. No me había equivocado; la conocía y bastante bien.
Mi mujer tiene una amiga, Rosa, casada con Ricardo, y aparentemente feliz. Rosa era California. Todo pequeño detalle era corroborado en la conversación. Me relataba sus andanzas en esa página, los encuentros sexuales que ya había tenido y lo poco que su marido la satisfacía.Estaba de suerte, porque siempre que veía a Rosa no podía evitar empalmarme y desear poner mi rabo entre sus pechos llamativos y casi siempre muy exhibidos. En cierta ocasión, que salimos en pareja a tomar unas copas, le estuve rozando su culo con mi polla erecta gran parte de la noche, ya un poco bebidos, con cualquier excusa, bailando, yendo al baño…. Pero desde aquel día no había vuelto a tener una situación “caliente” con ella.
Cuando ya no había duda de su identidad, y sin que ella supiera quién era yo realmente, le dije por el Chat “Rosa, sé quién eres. ¿Sabe Ricardo lo que estás haciendo?” Ella no contestó en un par de minutos. Supongo que por la impresión. Luego contestó “Quién eres?” Y yo le respondí que eso daba igual de momento. Que lo que importaba era que si no quería que su marido se enterara, debería ser mi esclava sexual. Ella accedió a quedar conmigo. Pero yo no me podía arriesgar a no tener algo para obligarla a cumplir con su parte del trato. Le dije que pusiera la cámara web y que se desnudara. Lo hizo a regañadientes, pero lo hizo. Pude ver sus pezones rosados, de aureola grande, que se erizaban al roce de sus dedos; y su coño depilado casi del todo, rubio, grande, tal y como lo imaginaba.
Ya tenía la grabación. Ya tenía algo para obligarla a ser mi esclava. Ella quería quedar en un hotel de carretera, pero yo le di una vuelta más de rosca y, aprovechando que su marido estaba de viaje dos días, quedamos en su casa. Yo dije a mi mujer que tenía una cena de amigos y saldría a tomar algo.
Sus niños ya dormían cuando yo llegué. Me abrió la puerta y no pudo ocultar su sorpresa. Allí estaba Rosa. En pijama del tipo que habitualmente llevamos los hombres, de chaqueta y pantalón de tela fina.Le miré a los ojos y en seguida supo que era yo el hombre del Chat. “Cómo has podido chantajearme?” me dijo. “Porque siempre quise follarte y nunca tuve ocasión” le contesté.
Me hizo pasar al salón y estuvimos tomando una copa. Sin hacer ruido para no despertar a los niños. Me intentó explicar por qué entraba en esa página, pero a la segunda frase ya tenía yo su teta en mi mano, por debajo del pijama. “Sigue explicando, no dejes de hablar”, le dije. Ella continuó como pudo, mientras yo le disfrutaba las tetas, le abrí la chaquetilla del pijama y empecé a succionar sus pezones rosaditos. “no dejes de hablar”, le decía.
DE ahí bajé, ella subió un poco su culo y yo le quité a la vez el pantalón y las bragas blancas que llevaba puestas. Olía a gel de baño. SE debía haber duchado poco antes de llegar yo. Mientras ella seguía contándome, ya entrecortado su relato por la excitación, yo le lamía los labios de su vagina, disfrutaba su olor a hembra, lubricaba bastante y eso me excitaba más. La tumbé en el sofá y me desnudé. Mi polla, bastante gruesa, le gustó nada más verla. En seguida me la comenzó a chupar. Disfrutaba casi tanto como yo. Casi me corro, pero la paré a tiempo y, mirándola a sus ojos grisáceos, le metí mi polla despacito para que la sintiera toda. Casi se corre en el momento. La estuve bombeando, con vigor. Ella se corrió y yo eyaculé en su cara.
Después de terminar, le dije que así sería siempre. Yo le diría cuando quiero follarla y ella debería estar dispuesta. No se negó. Y desde aquel día, procuro que mi esposa y ella sean muy amigas y quedemos en pareja muy a menudo porque me encanta sobarla con cualquier excusa, o ponerle su mano en mi polla durante la cena por debajo de la mesa. Ahora la estoy convenciendo para que tenga un hijo más. Pero éste se le haré yo.
COMENTARIOS
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sanrico | 01-11-2011 |
| una historia muy sensual, ya quisiera que mi esposa tuviera amigas tan extrovertidas sexualmente... |
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