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    dominada y vejada por su jefe

    por krista el 16-08-2011

    Paseaba sin prisa recreándose en todo lo que veía a su alrededor, el tiempo no parecía existir para ella, no llevaba reloj ni móvil le gustaba verse libre de todo tipo de ataduras.

    Pasaba las horas mirando el mar, no le importaba que la gente tuviese planes ni necesidad de trabajar y ganar dinero, a ella esto no le incumbía, no volvería a vivir aquella pesadilla.

    Había conseguido librarse de todas esas cadenas hacía años, ahora relajada y sabiendo que fue en un tiempo pasado recordaba su tiempo de esclavitud, le había costado mucho salir, y tenía la certeza de que jamás volvería.

    Todo había ocurrido cuando ella tenía 22 años, se presentó a una entrevista para trabajar en el sector de marketing, el anuncio pedía gente expresamente sin experiencia, la empresa se dedicaba a la publicidad de todo tipo de artículos, ella era joven y bonita, no había acabado los estudios de la Real academia de teatro que había emprendido, pero tenía mucha labia y se veía capaz de comerse el mundo.

    La entrevista se hizo de manera eliminatoria, deseaban saber cual de las chicas era capaz de todo. El joven que hacía las preguntas, debía tener unos 32 años. Al principio las colocaban a todas juntas y las incitaban a descalificarse unas a otras, todas se insultaban, utilizaban sobre todo el físico, unas por gordas otras por feas, bajitas, granos, etc.. Laura, tenía gran interés en conseguir ese empleo, pagaban muy bien, y en menos de un año podía ascender, sin pensarlo dos veces fue realmente cruel con sus compañeras argumentó para lo que cada una de ellas servía, tanto por su aspecto como por la manera de haberse expresado, pues ella había sido la última en intervenir de manera descalificadora.

    El joven de 32 pensó que ella era una joven sin escrúpulos y eso mismo era lo que andaban buscando.

    El trabajo se lo ofrecieron a Laura, las otras chicas salieron de allí humilladas y tratadas como basura.

    Los primeros días tan solo le hacían fijarse en un panel donde estaban los productos a los que habría que hacerle una buena comercialización, aunque ella se sentía impaciente tan solo hacía lo que se le ordenaba.

    La segunda semana le pidieron que a modo de prueba intentase vender alguno de los dos productos que estaban a punto de lanzarse al mercado, allí mismo a su superior para saber la idea que ella podía tener en mente,

    de lo que era una buena campaña de marketing.

    Ella toda confiada utilizó sus dos mejores armas, la palabrería que en eso no la ganaba nadie, y su imagen de niña buena intentando parecer mala, a su jefe esto le impresionó de manera grata y le pidió que cogiese otro de los objetos, esto a ella le pareció divertido y en el segundo objeto, empleó una técnica distinta deseaba ser osada empezó a jugar con aquel juguete de una manera muy sensual como si tuviese mucha experiencia, se lo pasó sutilmente por ciertas partes de su cuerpo, no se reprimió en absoluto, y su jefe se la miró de otra manera. El objeto en cuestión era un rascador a pilas con un accesorio para masajes.

    A partir de ese momento, su vida en la empresa parecía ser segura, cuando cometía algún error no era reprendida como los demás trabajadores/as, esto al principio pasaba inadvertido, pero a los tres meses de estar allí se dio cuenta que sus compañeros/as la criticaban a escondidas o cuando se acercaba de repente para intervenir en las conversaciones se disolvía el grupo o se hacían unos silencios de lo más incómodos.

    Laura sabía que se la criticaba pues alguna vez estando en el baño se había dado el caso de escuchar a dos de sus compañeras decir que se acostaba con el jefe.

    En un primer instante pensó en enfrentarse a este bulo, pero esperó el momento oportuno para hablar con su jefe antes de crear más polémica

    Habían pasado varios meses, cuando su jefe la mandó llamar para tener una reunión con ella en su despacho a puerta cerrada, ella pensó que era el momento para exponer el problema que les afectaba a ambos.

    Su jefe quería hablar sobre su futuro en la empresa y saber hasta donde estaba ella dispuesta a dar de si misma, ella pensó que estaban hablando profesionalmente y con mucha seguridad y entusiasmo dejó muy claro que era capaz de todo.

    La sorpresa vino rodada pues Laura seguía sentada cuando el jefe se posó tras su silla y le acarició el cuello con una mano y la otra paseó suavemente por su pecho, inclinándose hacía ella y besándole el lóbulo de la oreja.

    Laura no supo reaccionar se vio envuelta entre las manos de su jefe y dejó que sucediese aquello que él buscaba. Horas mas tarde se sintió sucia y de lo más estúpida por no haber parado aquella situación.

    Laura guardó celosamente el secreto sin comentarlo ni con su mejor amiga.

    Los días transcurrían y las visitas al despacho de su jefe se hacían más largas y frecuentes, se había convertido en su concubina. Aunque su jefe era un hombre joven y apuesto la situación le resultaba molesta, pues no podía tener una relación estable con un chico de su edad, se sentía atada de pies y manos

    En su trabajo se esforzaba por aprender y ser eficiente y pese a que lo conseguía los rumores seguían siendo malévolos y sus compañeros no reconocían su valía, ciertamente era difícil reconocer lo buena que era dentro del negocio, si como parte del mismo era estar a disposición de los deseos carnales de su jefe a toque de campana.

    La situación empeoró al año y medio pues fue ascendida pasando delante de tres personas realmente competentes y como parte del ascenso le correspondía ocuparse de toda una sección como jefa creativa de marketing y publicidad, los viajes a Europa y Asia eran parte imprescindible y estos se realizaban con asiduidad y en compañía del jefe, Laura era demasiado ambiciosa para renunciar a su posición empresarial aún cuando sabía que parte del mismo lo debía a haberse vendido físicamente.

    Durante varios años aprendió muchísimo gracias al esfuerzo y empeño que ponía y su jefe con cierta asiduidad la reclamaba, tanto en horas de oficina como a altas horas de la madrugada, pero las cosas empezaron a cambiar cuando su jefe descubrió un placer oculto en el sado.

    Al principio tan solo eran algunas bofetadas y azotes, y aceptó sumisa su papel, pero esto no parecía ser suficiente para él deseaba mucho más y las vejaciones se hacían más evidentes y crueles.

    En uno de sus viajes le compró ropas muy incitantes y le pidió que apareciese justo a medianoche en su habitación, ella accedió pero la sorpresa fue que el cliente con el que habían hecho tratos esa noche también estaba allí esperando, así Laura se inició en los tríos.

    Hacía tiempo que aguantaba las vejaciones que su jefe le infligía, pero vestirla de ramera y obligarla a tener relaciones con clientes lo veía excesivo, decidió hablar con él y exponerle que no estaba dispuesta a seguir aceptando esta situación.

    Su jefe no alteró ni una sola pestaña mientras escuchó lo que Laura exponía, pero al finalizar fue hacia ella y con sus manos le desgarró la blusa y aunque ella peleó con él, acabó poseyéndola a la fuerza.

    Laura se sintió más sucia que nunca y violada, a él le pareció mucho más excitante poseerla a la fuerza y antes de que marchase le advirtió que tenía un montón de fotos y videos de ella haciendo sexo libremente y en posiciones muy incitantes.

    Laura descubrió que estaba atrapada no podía ir a la policía, no tan solo por esos videos sino por la falta de testigos, sus propios compañeros declararían que ella consentía, decidió seguir callada y esperar a que los acontecimientos se calmasen.

    Los viajes eran aún más frecuentes y los clientes parecían disfrutar de tener un extra al formalizar sus contratos con la empresa, Laura pasaba de mano en mano, las amenazas de su jefe de quedarse en la calle sin trabajo e incluso de perseguirla haciendo públicos los videos y fotos para el empresario que decidiese contratarla la coartaban.

    Los años fueron pasando y su rendimiento profesionalmente disminuyendo, él la seguía utilizando en todo tipo de encuentros, había llegado a saber todo tipo de posturas del kamasutra y cada cosa que se le pedía lo hacía sin discusiones aunque no sentía nada ni alegría ni asco ni nada de nada, se había convertido en una muñeca inflable e insensible.

    Un día en uno de los viajes conoció a un joven aproximadamente de su edad Laura como de costumbre se presentó en las habitaciones de su jefe esperando sus ordenes, y el joven allí mismo delante de su jefe declinó la oferta, no parecía estar interesado en ella sexualmente.

    Su jefe creyó que el trato quizá peligraría y perdió los estribos cogió una correa y empezó a azotarla, haciéndola sangrar, el joven le quitó la correa y le dio un puñetazo en la boca haciéndole saltar algún diente, caído en el suelo lo dejó llevándose a Laura a su habitación y curándole delicadamente las heridas, mientras escuchaba la historia de Laura.

    Se sentía muy atraído por ella pero no puso una sola mano sobre su persona, y mientras ella iba descubriendo todo su pasado ante él, él se iba enamorando de ella, con un pañuelo le secó las lagrimas, y le prometió que esto ya se había acabado que nunca más le pondría un dedo encima, Laura no entendía, los videos y las fotos, su trabajo y las amenazas de no poder trabajar de nada más que de prostituta, no veía solución a todo el problema.

    El joven sabía que Laura no entendía y que se sentía aturdida después de la paliza, la tranquilizó y esperó que se durmiera.

    A la mañana siguiente despertó viendo una carta del joven dirigida a ella en la bandeja del desayuno, empezó a leer, “querida Laura no debes tener miedo nunca más, tu jefe está advertido y no volverá a ponerte una mano encima ni comerciará contigo, desde mi modesta posición, tengo poder para asegurártelo, créeme, espero que a partir de ahora puedas ser feliz.”

    Dejó la habitación y pasó a la habitación de su jefe, él no la miró a la cara, como si sintiese vergüenza de si mismo y la trató respetuosamente.

    Laura cogió un folio y escribió unas palabras de dimisión.

    Salió con la mirada muy alta y regresó a su casa, pensó que debía empezar en su búsqueda de empleo, pero cuando decidió salir a comprar un diario con los empleos recientes, vio al joven que el día anterior la había salvado, él le sonrió y tímidamente le preguntó si deseaba tomar un tentempié con él, ella aceptó encantada, he intrigada le preguntó como había conseguido liberarla, él le explicó que era un directivo de la misma empresa y todo había sido una encerrona, pues un cliente puso en su conocimiento el método que ejercía para finalizar los contratos, así que ahora era libre para poder seguir trabajando en su puesto si aún lo deseaba, ella declinó la oferta con una sonrisa y él le preguntó si había alguna oportunidad de poder seguir viéndola, Laura asintió con la cabeza.

    Ahora frente al mar acababa de recordar su pasado pero a su lado sentado en una roca estaba su joven salvador con su mano enlazada a la de Laura, ya no sentía miedo habían decidido emprender una nueva vida juntos.
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    Tags:    relatos eroticos   dominacion   esclavas   vejaciones   empleadas  


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