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trio en medio de la tormenta

por krista el 12-01-2011

La visita a la quinta se había prolongado más de lo previsto, el tiempo había pasado volando para Rosana y Victor en el arroyo que cruzaba la propiedad del padre de Victor. No era posible que se dieran cuenta de chaparrón que se avecinaba, a causa de la vegetación del lugar y las rocas alrededor del cauce.
Cuando Victor miró el reloj eran ya casi las 5 de la tarde, la idea era salir hasta la ruta principal antes que oscurezca, la que estaba a una hora de distancia por un camino de tierra roja; pues bien, ese era el momento de salir.
Advirtió a Rosana de la hora mientras se cambiaba la ropa de baño y se ponía el jean sin ropa interior. Ella, por su parte, salió del agua con su característica sensualidad, se envolvió en la toalla blanca luego de sacudirse unos granos de arena de sus hermosas y redondas nalgas.
Así la joven pareja emprendió la vuelta por el angosto camino hacia la casa quinta, distante a unos doscientos metros. Cuando salieron de entre la espesura se pudieron dar cuenta que el cielo se había oscurecido casi por completo a causa del aguacero, apresuraron el paso mientras caían las primeras gotas.
En la casa les esperaba Juan, un amigo de infancia de Victor que era además el encargado de cuidar la quinta., era un hombre de aspecto agringado a pesar de vivir tanto tiempo en el campo, tenía por entonces unos 29 años, de tez blanca, ojos claros, cabello marrón con un físico envidiable curtido por el trabajo del campo, de unos 1,85mts de estatura. Durante la niñez de Victor había sido su compañero de juegos cada vez que iba la quinta con sus padres, era como su hermano mayor, Victor tenía 26 años, tres más que Rosana.
- Hey!, parece que olvidaron el reloj – dijo Juan a Victor con la acostumbrada familiaridad – o tal vez estuvieron muy ocupados como para fijarse en el tiempo – agregó con picardía.
- Creo que fue lo segundo, ja ja – respondió Victor – es que era la primera vez de Rosana… En la quinta, ja ja, aclaro!
Ambos soltaron una gran risa mientras que Rosana se ponía como un tomate.
- Qué te parece Juan?, crees que convendría salir ahora? – dijo Victor ya con tono más serio y acomodados en el corredor de la casa.
- Bueno, al parecer es solo un aguacero; tal vez sea mejor que esperen un poco para salir, quizá solo caigan algunas gotas, pero es mejor prevenir, y más aun con un auto pequeño, ya sabes que el barro puede hacerte una mala pasada.
- Tienes razón Juan, mejor esperamos un poco, pasemos a la sala.
- Mientras voy a darme una ducha y quitarme la arena de encima – dijo Rosana que seguía envuelta en la toalla.
- Deberías apurarte si quieres tener agua caliente – dijo Juan – por aquí apenas se nubla y quedamos sin electricidad.
- Juan tiene razón amor, mejor apúrate – recalcó Victor.
Rosana tomó su cartera, se dirigió a la habitación y entró al baño.
La casa en realidad era pequeña pero muy acogedora, una mezcla entre lo rústico y lo moderno, una amplia sala con chimenea, televisor, equipo de audio, un juego de sofá con apoya brazos de madera y una mesita en el centro, Una cocina comedor, un dormitorio principal con una cama matrimonial y un placar, dos sillones y aire acondicionado; un baño amplio; allí es donde se encontraba Rosana.
Se quitó la toalla, deslizó sus dedos por las tiras de su diminuto traje de baño amarillo para despojarse de él; se soltó el pelo negro ondulado que le llegaba a la mitad de la espalda, se contempló en silencio en el espejo, como tratando de enterrar en el inconsciente los pensamientos que le habían invadido al conocer a Juan minutos antes. Se sentía culpable de quedar tan impresionada con la figura de un hombre distinto a su novio, se imaginaba como sería estar en brazos de otro hombre. Era novia de Victor desde los 16 años, a los 18 comenzó su vida sexual con él, nunca había estado con otro. En la soledad de aquel cuarto de baño podía dar rienda a aquello que le costaba tanto aceptar; el deseo de probar otras manos, otras caricias, otros labios… otro hombre. Entró bajo el chorro de agua como queriendo limpiar también un poco sus pensamientos.
Ella era de tez trigueña, 1,60mts, ojos color miel, pelo ondulado negro brillante, un rostro de niña, casi angelical; pero con cuerpo de mujer; hermosos pechos, grandes y bien firmes, una diminuta cintura y nalgas redondas bien formadas que desembocaban en piernas bien contorneadas y marcadas por las tardes de trote en el parque.
Su relación siempre fue muy estable, a veces cayendo en la monotonía; lo que le hacía dudar de sus sentimientos en ocasiones; no se sentía insatisfecha, quizá simplemente tenía curiosidad, una duda oculta, ganas de experimentar.
El aguacero ya se había convertido en una torrencial lluvia, en la sala seguían Victor y Juan conversando, se contaban anécdotas, de cómo se conocieron con Rosana, de sus planes para el futuro, etc., Juan le comentó que estaba en pareja hace un par de años, pero que hacía tres meses su novia tuvo que viajar a la capital para terminar sus estudios y recién volvería a finales del año. Tenía su propia casa como a 200mts de la quinta , pero pasaba más tiempo allí, arreglando cosas, limpiando o cuidando las plantas frutales.
- Disculpame Victor, pero en serio tu novia esta súper bien, seguro que ya la degeneraste completamente, je je je.
- No tenés porque disculparte Juan, ja ja… en realidad me gusta que admiren a mi novia, digamos que me eleva el ego, ja ja ja.
- Che, y que tal es?
- Bueno, al principio era muy tímida, es que yo fui el primero y el único hasta ahora… pero aprende rápido con la práctica, ja ja ja!!!, ahora es toda una experta, ja ja.
Un trueno interrumpió la conversación.
- Creo que con este tiempo ya va a ser imposible que salgan a la ruta – advirtió Juan – mi opinión es que no será conveniente, además el camino debe de estar hecho un desastre.
- Sí, tienes razón… en el auto tengo algunas cervezas, que te parece si las voy a buscar y seguimos nuestra charla?
- Genial!, creo que en la cocina hay algunas de botellas de vino también.
- Muy bien!, va a ser una noche larga y vamos a necesitar de provisiones extras, je je.
Ambos se levantaron, Victor iba hacia el galpón donde estaba el auto para traer las cervezas, Juan se dispuso a acompañarlo pero su amigo lo detuvo diciéndole:
- Sabes?, mejor me haces el favor de avisar a Rosana que vamos a pasar la noche aquí, que es lo mejor por el clima.
- Ah, ok, voy a avisarle.
Otro trueno estremeció el lugar y ya todo quedó a oscuras.
- Toma una linterna – dijo Juan – voy contigo.
- Ve a buscar a Rosana, yo me las puedo arreglar solo.
El trueno y el corte de luz también despertaron a Rosana quien había empezado a masturbarse mientras se duchaba, el repentino chorro de agua de fría y la oscuridad le devolvieron a la realidad. Sin ver absolutamente nada se dirigió a la puerta y la abrió, totalmente desnuda, convencida de que no había nadie en la habitación.
Intentó ver alguna cosa aprovechando los breves relampagueos, cuando de pronto una linterna iluminó la habitación.
- Rosana?, Victor me mandó a avisarte que es mejor que pasen la noche aquí… – dijo Juan, que al darse cuenta de su inoportunismo se dio vuelta a mirar a otro lado – …por favor discúlpame, es que no me di cuenta…
Ella permaneció parada, envuelta en su desnudez y sin poder articular palabras cuando otro relámpago, más prolongado, iluminó toda la habitación. El hombre con quien instantes antes había fantaseado se encontraba ahora ante ella a sólo un par de metros, contemplándola. Fueron solo dos segundos, pero a ella le pareció una eternidad.
- Te dejo la linterna y voy a buscar algunas velas y la lámpara – dijo Juan mientras se apresuraba a abandonar la habitación. – Ella permaneció en silencio.
Victor volvió con las cervezas, Juan encendió las velas en la cocina, la lámpara y la chimenea en la sala. Se acomodaron en el sillón y abrieron la primera botella.
Después de respirar profundo tratando de aclarar su mente y recuperarse de la sensación vivida minutos antes; al fin Rosana abandonó la habitación y se dirigió a la cocina para preparar algunos sándwiches.
Entró a la sala con la bandeja en la mano; llevaba puesto un vestidito corto con tiras, de tono anaranjado bastante claro, casi transparente por lo fino de la tela, con el cabello suelto y aun mojado, se la veía extremadamente sexy, y ella misma se sentía así. Los dos hombres quedaron en silencio, impresionados por la sensualidad que se desprendía de aquella mujer.
- Preparé algo para que el alcohol no haga efecto tan rápido – dijo Rosana con tono pícaro.
Quizá no fue su intención, pero al bajar la bandeja a la mesa quedó a contraluz, y debido a la transparencia del vestido, podía adivinarse claramente su figura. Tampoco contó con el hecho de que su escote dejaría a la vista gran parte de sus magníficos pechos, pues no llevaba puesto sostén.
- Guau amor!, viéndote así me entran ganas de comer otra cosa!, estás divina! – dijo Victor tratando de hacer parecer un chiste lo que en realidad quería.
Ella contestó con una sonrisa divertida al comentario de su novio. Juan por su parte estaba con una verdadera guerra en la mente, pues estaba deseando con locura a la novia de su amigo y le costaba bastante disimularlo, los ojos se le iban sin poder controlarlos; sentía que algo quería romper su pantalón.
Rosana se acomodó en el sillón en medio de ambos hombres. Terminaron los sándwiches y comenzaron a tomar las cervezas y a conversar de cosas sin importancia. Afuera la lluvia seguía cayendo con gran intensidad, el fuego de la chimenea le brindaba un ambiente especial al lugar. Cuando iban por la quinta botella, Rosana ya se mostraba mucho más alegre y desinhibida, al igual que sus compañeros.
- Te das cuenta que ella misma te da la razón Juan?, en tu comentario de esta tarde, ja ja ja – dijo Victor.
- Ja ja ja… francamente es mucho más incluso de lo que yo pensaba – respondió Juan.
- De qué hablan?, me pueden explicar?, me parece que están refiriéndose a mi – interrumpió Rosana sin entender bien de lo que hablaban.
- Es que hace rato Juan me dijo que estabas muy bien!, je je.
- Lo que pasa es que es difícil no admirar a una mujer tan bella – dijo Juan, haciéndolo parecer un piropo.
- Pero porqué no lo decís bien Juan?, a vos también te calienta Rosana tanto como a mí, ja ja… y hace rato esas fueron tus palabras, verdad?, je je.
- En serio dijo eso?
- Sí amor, aunque lo ves ahí como un inocente, en realidad no lo conocés!, ja ja ja.
- Pues la verdad él tampoco está nada mal – dijo Rosana con el evidente efecto motivador del alcohol.
- Me di cuenta que a vos también te impresionó mucho él – dijo Victor con una sonrisa – no te preocupes amor, que como mujer también tenés todo el derecho de mirar y calentarte con otro hombre; siempre y cuando no sea a mis espaldas, je je je.
Juan permanecía mudo escuchando la conversación, aunque sentía que su excitación “crecía” cada vez más.
- Te quiero muchísimo linda – dijo Victor – vení y dame un beso que tengo ganas de comerte los labios – mientras tomaba a Rosana de ambas manos y la atraía suavemente.
Juan contemplaba en silencio el espectáculo. La pareja comenzó un beso apasionado, Rosana estaba totalmente rendida ante la excitación y ya no le importaba nada, cerró los ojos y juntó sus labios y lengua con los de su novio. Victor miró de manera cómplice a Juan e hizo un gesto como para que se acerque también, al mismo tiempo con su mano derecha levantaba el vestido de su novia, dejando a la vista sus muslos y su pequeña ropa interior blanca.
Con una duda inicial, Juan se aproximó a la espalda de la chica, le acarició las piernas y le empezó a besar los hombros; una especie de corriente eléctrica recorrió en ese momento todo el cuerpo de Rosana. Se separó un segundo de los labios de su novio, lo miró a los ojos como esperando una aprobación, a lo que Victor respondió con una sonrisa.
Ella se giró lentamente hacia el otro hombre que en ese momento le besaba el cuello e iba subiendo por su oreja, alternando los labios con la lengua, llegó a su mejilla y finalmente a la boca. Ella lo tomó por la parte de atrás de la cabeza y sus lenguas se encontraron. Al mismo tiempo Victor había descubierto ya los pechos de la chica los acariciaba con una mano, con la otra le separaba las piernas.
El ruido de la tormenta mezclado con el fuego de la chimenea, la luz de los relámpagos iluminaba por completo la sala por momentos, quedando luego nuevamente la tenue luz de la lámpara, ese era el escenario para los tres amantes.
Rosana ayudó a Juan quitarse la remera, recorriendo con sus manos el pecho del hombre, sus hombros, sus fuertes brazos. Se detuvo un segundo para suspirar y dar un suave y corto gemido al sentir los labios de Victor rozar su intimidad por sobre su ropa interior. Continuó besando a su nuevo amante, el que a la vez acariciaba sus senos y pezones erguidos por la excitación.
En tanto, Victor besaba y acariciaba sus piernas, e iba despojándola de su prenda íntima para dejar al descubierto el monte de venus depilado, lo recorrió con los labios dándole suaves besos, con la lengua dibujó pequeños círculos, logrando que ella misma separe más las piernas para permitirle llegar más profundo. Con la lengua fue abriendo los labios de su vagina, los succionó con suavidad; primero un lado, luego al otro, para después lamerla toda de abajo para arriba y detenerse en el clítoris, al que le daba golpecitos rápidos y rítmicos con la punta de la lengua.
Juan hacía lo propio con los pechos de la chica, acariciaba uno y al otro lo besaba, chupaba despacio el pezón, lo rodeaba con la lengua, lo apretaba con los labios y luego también le daba golpecitos con la punta de la lengua.
Rosana estaba ya casi fuera de sí, acariciaba el cabello de Victor y la espalda y hombros del otro hombre. Fue llevando su mano hacia la parte de adelante de Juan hasta llegar a su entre pierna; un escalofrío la recorrió al sentir su miembro por encima del pantalón, el bulto le parecía mucho más grande de lo que ella imaginaba. Se moría de ganas de poder contemplarlo, tocarlo, sentirlo sin la molesta ropa que lo oprimía; entonces desprendió el botón y, con la ayuda de él, bajó el cierre del pantalón.
Victor seguía en su labor de brindarle placer, ajeno a lo que sucedía a unos centímetros de él. Juan se separó un poco para permitirle a Rosana avanzar con mayor libertad con las manos y para que pueda verlo. Ella fue bajándole el pantalón y el bóxer negro al mismo tiempo, ante sus ojos empezó a asomar el enorme pene de Juan, le parecía algo hermoso, la cabeza grande, el tronco largo y grueso, lleno de venas, duro y erecto como un mástil.
Lo tomó con la mano temblorosa de excitación, pasó el dedo por la cabeza y vio el fino hilo de líquido preseminal. Era la primera vez que veía y tenía a su alcance un pene que no era el de su novio; y le estaba pareciendo demasiado apetecible, sentía el terrible deseo de besarlo, Juan entonces le acarició los cabellos y con delicadeza dirigió a Rosana hacia el objeto de su deseo.
Ella lo rozó primero con los labios y luego le dio un tierno beso en el centro de la cabeza, pasó la lengua a su alrededor como si fuera el helado más rico que se le estaba derritiendo y no quería perderse de ninguna gota.
Victor se detuvo un momento para contemplar aquel espectáculo, pudo ver como su novia de toda la vida rodeaba con los labios el pene de su amigo y lo iba introduciendo en la boca hasta donde podía, la estaba viendo hacer a otro hombre el primer día de conocerlo aquello que él había conseguido con ella después de casi tres años de noviazgo. Esto le provocó un flash de celos, pero la excitación del momento era mucho más fuerte. Se quitó la ropa mientras los miraba, experimentaba también una erección como nunca antes, se aproximó e interrumpió el show un segundo para acomodar a Rosana de rodillas sobre el sofá, se colocó detrás de ella y comenzó a penetrarla lentamente hasta estar totalmente dentro, inició un ritmo acompasado tomándola de la cintura. Su novia le retribuyó con un beso en la boca girándose un poco, sin quitar la mano del pene erecto de Juan. Fue el mismo Victor quien nuevamente la inclinó con suavidad para que siguiera con su tarea anterior. La chica se volvió de nuevo hacia el otro hombre al que también dio un beso en la boca para luego bajar otra vez hasta el miembro duro para seguir disfrutando de su sabor.
El crepitar del fuego de la chimenea, los truenos, la lluvia, era el marco perfecto para aquella escena de pasión, placer y sexo.
Se podían oír los leves gemidos de placer de Rosana cada vez que su novio entraba y salía de su interior, pero al mismo tiempo seguía con el pene de Juan llenando su boca, sentía todo su cuerpo estremecerse, era indescriptible el gozo que experimentaba aquella mujer. Quizá haya llegado al mejor orgasmo de su vida hasta ese momento; aunque todavía faltaba más.
Victor se detuvo justo cuando sentía que ya no iba a poder contenerse, pero lo logró, salió del interior de Rosana quien se detuvo en su tarea y lo miró para decirle con vos entrecortada:
- Mi amor, vos sabes que me encanta tu pija, pero ahora me muero por sentir esto dentro mío – refiriéndose al pene erecto de Juan, cuya cabeza parecía a punto de explotar, roja y brillante, mojada por la mezcla de saliva y líquido preseminal – estoy muy caliente y quiero que tu amigo me coja también como vos lo hiciste.
- Me encanta verte gozar, yo también quiero verte cogiendo con él – respondió Victor muy excitado – Juan, coge a mi novia que está muy caliente, hazla gozar.
Juan seguía sentado en el sofá con el pene apuntando al cielo, Rosana se acomodó delante de él dándole la espalda, tomó con una mano aquel miembro enorme, lo dirigió a la entrada de su vagina y fue descendiendo lentamente sobre él, cerró los ojos y podía sentir como se iba abriendo paso entre sus labios vaginales, cada vez más profundo hasta llenarla completamente, pudo sentir la punta del pene Juan en el fondo de su ser, era tan grande que ya no cabía dentro de ella. Lanzó un breve quejido en ese momento, Victor se colocó frente a su novia, ella se apoyó en él y comenzó a ascender nuevamente de manera muy lenta, aumentó suavemente el ritmo cuando sintió que su vagina ya se había acostumbrado a su nuevo huésped.
- Te gusta coger con Juan mi amor? – preguntó Victor
- Sii papi, me encanta su pija – respondió la chica entre gemidos – es tan grande y dura, me llena toda.
- Juan, te gusta coger a mi novia?
- Si, me vuelve loco como coge, le enseñaste muy bien.
Rosana interrumpió la conversación tomando con la boca el pene de su novio que estaba parado delante de ella, lo apretaba con los labios, lo succionaba, le pasaba la lengua y lo volvía a succionar; sin perder el ritmo de su sube y baja sobre Juan quien la guiaba tomándola de la cintura y manoseando sus pechos, mientras que Victor la tomaba de la parte de atrás de la cabeza y del cabello, también para guiarla con suavidad.
Luego de unos instantes se detuvieron, la chica se levantó lentamente, abrazó a su novio y le dio un beso apasionado en la boca, evidentemente había llegado a otro orgasmo. Juan también se levantó y se colocó detrás de ella, quedando la pequeña mujer en medio de ambos hombres, sintiendo los miembros duros de los dos pegados a su cuerpo, uno a la altura de su vientre y el otro casi donde comienza su espalda, esto la estremeció. Se giró lentamente, abrazó a Juan y también le dio un beso en los labios; él se separó un poco, la chica se inclinó hacia él buscando su pene para volver a chuparlo, dejando una vista privilegiada a Victor de su intimidad, quien no desaprovechó la oportunidad, la tomo de la cintura y volvió a penetrarla, esta vez con mayor fuerza.
Luego de algunos minutos, Victor se detuvo, le indicó a su novia que se acueste en la mesita boca arriba, ella lo hizo así, se acostó y separó las piernas, esta vez para recibir nuevamente a Juan en su interior, su novio se colocó a un lado de la cara de la chica ofreciéndole su pene para llenarle la boca. Juan la penetró, ahora con un ritmo más acelerado, cada empujón la hacía gritar, pero sus gritos eran acallados por el miembro de Victor.
Cuando Rosana sentía que ya no podría más, Juan salió de su interior para descargar el liquido cremoso de color blanquecino sobre todo su vientre. Victor tampoco pudo aguantar, y casi al mismo tiempo llenó también de semen los pechos de su novia, ella se retorcía de placer, pues había llegado a su tercer orgasmo de la noche, los tres estaban exhaustos, bañados en sudor. Rosana agradeció por esa noche maravillosa a sus dos amantes con apasionados besos, se levantó y fue a la ducha, aún sin poder creer lo que había vivido, estaba agotada, pero sobre todas las cosas; satisfecha…
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COMENTARIOS

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flacobello123  |  08-03-2011
Ese panorama esta exitante pere para 2 no compartiria mi mujer con nadie pero si me cojeria la de un amigo


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