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mi novio se convirtio en una bestia...

por krista el 03-01-2011

Creo que debería empezar este relato presentándome: Me llamo Alberto y soy un chico gay de 19 años. No tengo nada de pluma, es más, todos creen que soy hetero. Vivo en Málaga, en el sur de España, y mis preocupaciones no van más allá de aprobar todas las asignaturas de la carrera universitaria. Soy normal de estatura y peso, ojos marrones oscuros, pelo corto y negro, ancho de espalda y con unas piernas bien fuertes . No me considero un pivón, más bien del montón. Aunque también es verdad que últimamente he engordado un poco porque no tengo tiempo suficiente para practicar mi deporte favorito; el ciclismo

Volviendo a la historia, todo pasó el 8 de Diciembre. El día del cumpleaños de mi novio, Carlos, con el que llevo 3 años. Carlos también es de Málaga y, aunque cumplía 20, estaba un poco deprimido ya que no le iba bien en los estudios. A las 12 de la noche le dejé un comentario en el muro de facebook, le mandé un sms, lo felicité por tuenti, y lo llamé para cantarle cumpleaños feliz. Nada de eso consiguió animarlo. Definitivamente no estábamos pasando por nuestra mejor etapa.

En la llamada lo noté muy seco y contestándome con monosílabos como "si", "no", "no sé", "bien", "ok"… Esas conversaciones me ponen de los nervios, así que decidí terminarla con un "bueno, no te preocupes, mañana será otro día" y un "te quiero".

Al día siguiente por la tarde me quedaba un as en la manga, su regalo de cumpleaños. Le había comprado hacía una semana el último disco de RIhanna. Sabía que le encantaría y que eso le animaría, así que le llamé para quedar.

"¡Felicidades de nuevo!" - Le dije a modo de saludo. –

"Buenas…" – Me respondió. –

Ese "efusivo" saludo ya me resultaba conocido y me anticipaba cómo sería el resto de la conversación.

"¿qué tal? ¿qué te han regalado?" – Le pregunté intentando sacar un tema.

"Bien… aquí, mis padres me han regalado unas deportivas. Ya luego te las enseño"

"¡Anda! ¡Mira qué bien!" – Le contesté – "pues yo aquí tengo también un regalo para ti, así que si quieres luego nos vemos, nos tomamos unas cervezas, y te lo doy"

"Pues no sé dónde pretendes ir, porque hoy es fiesta y está todo cerrado" – Me contestó bastante borde –

"Mmmmm, cierto, no me acordaba. Pues nos vamos a algún sitio y nos quedamos hablando dentro del coche con la calefacción. ¿te recojo a las 10?" – Le propuse –

"Bueno… como quieras. Nos vemos luego"

En estos cuatro meses desde principio de curso, Carlos se había vuelto la persona más aburrida del mundo. Si no fuera porque estoy locamente enamorado de él y porque me siento en la obligación de ayudarle a salir de este bache emocional, ya lo habría dejado.

Una cosa que no he contado de Carlos es que está buenísimo. Es un poco más alto que yo, bastante fuerte y marcado tras haberse pasado un verano trabajando en el campo, pelo rapado al 1, ojos negros muy expresivos y una barba de una semana que, junto con el piercing de argolla en el labio inferior, le da un toque rebelde que me ponía cachondísimo.

Cuando lo recogí nos fuimos a un parque empresarial a las afueras de la ciudad para poder estar tranquilos hablando. Este parque empresarial es conocido por todo el mundo como el "folladero", pero nosotros no estábamos allí para nada relacionado con su nombre, sino para hablar como dos personas normales.

"Bueno, esto me ha dicho un pajarito que te gustaría… así que te lo he comprado" – le dije mientras le daba su regalo –

Por primera vez en meses le veía algo de felicidad en sus ojos. Abrió el regalo rompiendo todo el papel y gritó:

"¡El último disco de Rihanna! ¡Me encanta!" Acto seguido me acarició la cara y nos fundimos en un largo beso apasionado.

"Muchas gracias Alberto…" – Me dijo mientras me abrazaba – "…pero… no sólo por el regalo, sino por todo lo que haces por mi… Quiero que sepas que te lo voy a recompensar"

Estuvimos en silencio abrazados hasta que Carlos comenzó a darme pequeños besos en el cuello. No me lo podía creer, había estado sin muestras de afecto desde septiembre, y por supuesto, sin sexo desde mucho antes.

La cosa se empezaba a calentar. Siguió dándome besos en el cuello mientras me acariciaba el pecho y bajaba lentamente hacia mi polla.

"Carlos, aquí den…" –Intenté decirle-

"Cállate" – Me interrumpió.

Los besos en el cuello se trasladaron la boca y nuestras lenguas empezaron a jugar. Me quitó el cinturón con delicadeza, me bajó la cremallera mientras me miraba con cara de vicioso y me empezó a tocar la polla a través de los bóxers. Comenzó dándome pequeñas caricias hasta que se me puso completamente dura. Mi polla empalmada y brillante asomaba ya por la parte superior de los bóxers. Luego continuó agarrándola fuertemente y masturbándome lenta pero firmemente. Yo estaba cada vez más cachondo, y sin poder controlarlo, de mi polla salió el liquido pre-seminal cristalino.

Vi como Carlos sonreía y se relamía, y sin pensárselo se agachó y me limpió la polla de un lametón. Se acercó, y sin volver a meter su lengua en la boca, me dio un beso para que pudiese saborear ese delicioso y salado líquido viscoso. Yo estaba tan cachondo que apenas podía devolverle el placer, solo conseguí meter la mano en su pantalón.

Me bajó lentamente los bóxers y comenzó a besar cada centímetro de piel que iba destapando. Desde la punta de mi rabo de 19 cm hasta lo más bajo de mis huevos. Allí se entretuvo jugando con la lengua intentado llegar al culo, pero la postura en la que estábamos se lo impedía. Subió y bajó lentamente varias veces desde los huevos hasta el glande, ensalivando por completo toda mi polla, que después de tantos meses de sequía sexual parecía que iba a estallar. Yo me estremecía de placer al notar su lengua juguetona y su aliento húmedo bajo mis huevos.

Se metió toda mi polla en la boca y empezó succionar mientras movía la cabeza de arriba abajo. Notaba como rodeaba con la lengua la punta de mi nabo y como se la metía hasta lo más profundo de su garganta. Con su dedo corazón consiguió llegar hasta mi culo y comenzó a acariciarlo y a intentar metérmelo. Yo no podía evitar gemir y retorcerme de placer.

De repente paró y tras 5 segundos volví a ser consciente.

"Te gusta, ¿verdad cabrón?" – Dijo mientras me miraba fijamente y me estrujaba con fuerza la polla.

Yo solté un gemido que podía ser considerado algo entre placer, dolor, y un "si" como respuesta.

"Pues aquí dentro del coche no vamos a poder hacer mucho más, así que vamos a un sitio más tranquilo"

Asumí sus ordenes y conduje medio desnudo hasta un sitio más apartado, a un parque detrás de una tienda de muebles, por el que a las 2 de la madrugada en diciembre no pasaría nadie. Ambos nos salimos fuera dispuestos a continuar con nuestro calentón. Comenzamos a besarnos, pero no pasaron ni dos minutos cuando oímos llegar un coche. Cuando pasó cerca vimos que era el coche de la vigilancia privada que, por lo visto, había en el parque empresarial. Así que disimulamos e hicimos como que hablábamos y nos fumábamos un cigarro.

Cuando pasó el coche, Carlos me empujó contra una pared y me dijo:

"Ahora te voy a recompensar por todo este tiempo sin sexo. Te voy a dar tal follada que no te vas a poder sentar en tres días"

Ciertamente Carlos había cambiado mucho últimamente. Esa faceta dominante y sucia que apenas conocía, me daba miedo a la vez que me ponía a 100.

Empezó a besarme de nuevo la boca, el cuello y la oreja. Me besaba con tanta fuerza que a veces me hacía daño, y en ese momento me di cuenta de que mi novio había pasado de ser una persona dulce y amable, a ser un animal en busca de sexo, y por su mirada deduje que nada ni nadie se pondría en su camino.

Notaba como me embestía contra la pared mientras me lamía la oreja. No sé cómo, pero terminé con las piernas rodeando su cuerpo mientras él se frotaba contra mi. Metió las manos por dentro de los vaqueros y situó cada mano a un lado de mi culo, separándolo hasta que el dolor fue insoportable y dejé escapar un pequeño grito.

Siguió tirando y tocándome el culo con su dedo corazón. El placer me empezaba a desbordar. Sacó las manos de mi culo y me acercó el dedo a la boca para que lo lubricara. Olía a sudor y me daba asco, por lo que intenté resistirme.

"Que lo chupes, puta" – Dijo mientras me agarraba del pelo con la mano izquierda y me metía por la fuerza el dedo en la boca – "Chúpalo bien, así, como si fuera una polla"

No sabía tan mal como me lo esperaba, y este trato que me daba me estaba convirtiendo a mi también en un animal desesperado.

Cuando sacó el dedo de mi boca lo metió de un tirón en mi culo. Gemí encantado por el dolor y el placer. Lo metió y lo sacó hasta que me acostumbré, y volvió a repetir lo mismo, incluido lo de agarrarme la cabeza, hasta que llegué a tener en mi interior 3 de sus grandes dedos.

Me bajó al suelo, me quitó los pantalones, los bóxers y la chaqueta. Nos tiramos al césped, me dio una vuelta, me puso de rodillas y me vi, no se cómo, haciendo un 69 ante su paquete. "Cómemela cabrón, que lo estas deseando" – Me dijo mientras me daba una palmada en el culo.

Le quité suavemente el botón, le bajé la cremallera y vi la forma de su polla marcándose en los bóxers que se ceñían a su cintura. La polla de Carlos no era especialmente larga, le mediría unos 16 cm, pero era bastante gorda y cabezuda, con lo que bastantes veces teníamos que recurrir a toneladas de lubricante para poder follar. Le bajé los bóxers y se la vi. Era como una obra de arte, simplemente perfecta. Tenía los huevos bien gordos y pude ver que se había recortado el vello recientemente. Comencé a besarla, a darle pequeños lametones. Me la metí en la boca y succioné con fuerza mientras la apretaba con mi mano y empezaba a masturbarlo.

Carlos se estremecía de placer. Comenzó a chuparme el culo, donde succionaba y jugaba con su lengua. Recorría lamiendo lentamente desde mis huevos hasta mi agujero. Tras lubricarlo con saliva metía poco a poco los tres dedos a la vez. Estábamos inmersos en un circulo de placer y lujuria. Se la empecé a comer más rápido mientras la agarraba con mi mano. Conforme más cachondo estaba Carlos, más sucio se volvía, y eso me encantaba. Empezó a pellizcarme un pezón mientras hurgaba con su lengua en mi culo y me hacia una paja con la otra mano. Esa mezcla de dolor y placer que estaba descubriendo me encantaba.

El seguía pellizcando, lamiendo, y haciéndome una paja. Yo intentaba aguantar el dolor lo más que pude, hasta que el placer fue tanto que no pude contenerme. Notaba la humedad de su lengua y de su aliento en mi culo, el dolor en los pezones, y de repente un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, me temblaban las piernas, se me cortaba la respiración, y terminé corriéndome bestialmente sobre su pecho.

"¡¿PERO QUÉ HACES DESGRACIADO?! ¡ESTA CAMISETA ME ENCANTABA!" –Me gritó - "ahora lo limpias con la lengua, gilipollas"

Le miré lo peor que pude. Tenía clarísimo que no iba a limpiar mi propia corrida de su camiseta, y menos con la lengua. Así que desistió y se quitó la camiseta con asco.

Pude ver esos brazos y esos pectorales marcados, esa tableta de chocolate en los abdominales que no veía desde que íbamos a la playa en verano. Todo recubierto por una fina capa de vello recortado que marcaba quien iba a ser el hombre durante aquella noche.

"Ahora me lo vas a recompensar" – Me dijo mientras me puso la cara en su entrepierna.

En cierta manera me sentía culpable de haber terminado yo antes que él, y sobre todo haber terminado sobre su camiseta. Así que accedí a sus órdenes y me arrodillé delante de su polla gorda. Empecé a comérsela, succionando y rozándole los huevos con la mano. La verdad es que me daba asco porque a mí se me había pasado el calentón, pero él mantenía las dos manos sobre mi nuca para evitar que me negara. "Así cabrón, qué bueno eres" – Repetía – "cómemela, guarra. Hasta el fondo" No me podía resistir, ya que no me dejó la boca libre para hablar, simplemente me la metió hasta el fondo de la garganta mientras me presionaba la cabeza.

"No aguanto más" – Me dijo mientras me tiraba un poco de los pelos y me indicaba que le siguiera – "Apóyate ahí" – Me ordenó señalando el capó del coche.

Puse mi cara contra el capó del coche y noté como volvía a meter su dedo en mi culo, que ya estaba completamente cerrado. Me sentía ridículo obedeciendo sus órdenes desnudo, pero debo admitir que me excitaba de nuevo. Me metió los tres dedos en la boca y acto seguido los metió del tirón en el culo. Grité de dolor, pero los mantuvo dentro mientras los movía para que me acostumbrase. Escuche el ruido metálico que hizo el cinturón cuando golpeó el suelo. Pude ver que tenía los pantalones por los tobillos.

"Pues ahora te vas a enterar" – Me dijo.
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Tags:    relatos eroticos   gays   dominacion   sadomaso   parejas  


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